Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
- Journal
- Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
- Volume
- XXIX (1967)
- Issue
- 5 (Mayo, 1967)
- Date
- 1967-05-01
- Page
- Seite 37 (sequence 37)
- Language
- German
- Belongs to
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MAYO 1967 BOLETIN INFORMATIVO 37 LAS DOS CARAS DE EILAT ISRAEL Y Sil PUEBLO BIBLICO EILAT, el punto más meridional de Israel, representa muchos conceptos diferentes. Para el turista implica baños de sol y un mar color añil (erróneamente llamado rojo), peces de colores que habitan en grutas de coral, montañas imponentes de granito que relucen cuando se pone el sol. Para el inmigrante. Eilat significa un lugar donde establecerse, con muchas dificultades. El sol no es un incentivo a ir a la playa sino a quedarse en casa, tratando de evitar el calor. La vista imponente del Valle de la Aravá, y las exóticas monta¬ ñas frente al mar sirven solamente para recordarle que lejos está de la civilización. Porque ni los siete vuelos diarios de la compañía de navegación Arkía (65 minutos de vuelo hasta Tel Aviv) ni la carretera de asfalto, (236 kilómetros hasta Beersheva) pueden borrar esa sensación de aislamiento, de encontrarse en el fin del mundo. Todo eso se combina para que el inmigrante no perciba inmediatamente las ventajas que le ofrece Eilat. Para los que se ocupan de desarrollar el país, Eilat no implica bellezas naturales sino la desembocadura del ■“canal de Suez terrestre”, la salida a Africa y Asia, un centro industrial donde s~- puede procesar la materia prima de otros continentes, un puerto desde donde salen barcos cargados de cobre, fosfatos y potasa rumbo al Lejano Oriente y a Africa, un punto de atracción para los turistas. Y todo eso implica perspectivas para el inmigrante. Dificultades de absorción Hablé con tres inmigrantes que trabajaban en la construcción de un gran edificio (destinado a albergar a otros Inmigrantes) en la calle principal de Eilat. Uno de ellos, un hombre robusto, de ojos azules, parecía no tener práctica en el oficio; cada tanto dejaba de excavar, colocaba la pala en el suelo y observaba con ansiedad los callos que se le formaban en las manos. Efectivamente, Abraham Ilgot, de 40 años, explicó (en una mezcla de idish y mal hebreo) que había llegado al país hacía dos meses junto con su mujer, Betty, y sus dos hijos, de 11 y 7 años de edad. “En el país de donde vengo era tenedor de libros, y espero trabajar también aquí en mi profesión. Pero antes tengo que aprender hebreo. Mientras tanto, la vida no es fácil. Pero hay que hacer algún sacrificio por el privilegio de ser libre y de sentirse en casa”. Abraham Ilgot no se opone a quedarse definitivamente en Eilat. “El clima es estupendo. El paisaje es soberbio. Los chicos van a la escuela, y tenemos un lindo departamento de tres piezas, con esa especie de refrigeración que usan aquí. Me salen callos en las manos, pero eso es porque no estoy acostumbrado a este trabajo". Su compañero de obra, Jaim Joshúa, de 49 años, no se muestra tan paciente. “Yo hace mucho que estoy. Llegué a Eilat hace nueve meses y todavía no puedo encontrar trabajo de plomero. Parece que en esta ciudad hay más plomeros que caños. Abraham dice que el clima es agradable. Me gustaría oír lo que dice en julio o agosto. Bueno, francamente, no me importa cuál sea mi trabajo, mientras pueda mantener a mi esposa”. Se detuvo, suspiró y agregó en hebreo: “Ein davar, ihié tov (no importa, ya se arreglarán las cosas). Así dicen, por lo menos .. El tercero, Israel Meir, de 39 años, vino al país junto con Ilgot. No parece haber oído de qué hablábamos. Tampoco le importa trabajar de obrero, porque lo hizo toda su vida. Es soltero, y no se queja. “Probablemente querrá casarse”, sugerí, “y alquilar un departamento y tener su propia familia”. Levantó la vista por primera vez y dijo en idish, sonriendo irónicamente: “Si, claro. Estoy esperando a una turista de América. Usted dice que escribe para los diarios? Dígale que yo estoy aquí”. Libros y pomada de zapatos “Lustra, lustra botas”. Si va a Eilat, pase por la oficina de “Arkía”. A la entrada hay un hombre delgado que aguarda clientes. Si tiene unos minutos, párese a hablarle; sus zapatos saldrán beneficiados de las manos de Irisef Makhlul, de 35 años, pero además podrán hablar sobre literatura. De cualquier clase, moderna, romántica o antigua. La valija en la que se sienta Iosef, al lado del taburete de lustrabotas, está repleta de los libros que logró rescatar de la biblioteca ambulante que poseía su padre en el Norte de Africa. La biblioteca fue incendiada por el populacho y su padre fue asesinado. Iosef pudo huir. De los 20.000 volúmenes que se perdieron en el incendio, losef salvó unos 70 que trajo consigo, en la única valija que le permitieron sacar. En Eilat, Iosef empezó a trabajar de albañil, pero era demasiado débil para resistir un trabajo tan duro. Sus pulmones no podían resistir el polvo. Y pensando en el polvo, se le ocurrió a Iosef que la gente de Eilat tenía que ponerse presentable antes de ir al populoso norte, y estableció su puesto de lustrabotas en el punto más estratégico, a la entrada de la compañía de aeronavegación. Iosef es feliz en Eilat. Es soltero, y piensa casarse con alguna chica de Eilat. También tiene planes. Piensa ponerse en comunicación con las librerías del norte, y abrir su propia biblioteca ambulante, o tal vez una librería. >or EMMANUEL PRATT Pero no por eso abandonará su puesto de lustrabotas. Allí, su sustento está asegurado. Los que se quedan “¿Cómo es posible que no haya encontrado a un solo inmigrante que’ no esté satisfecho?”. Hice esta pregunta a Naftalí Weánthal, el representante de la Agencia Judía en Eilat. Naftalí, que frisa en la cincuentena, sonrió al responder: “Es muy sencillo. Los que no están satisfechos se van de aquí. Los que se quedan están satisfechos más o menos”. Según me dice Naftalí, alrededor de la mitad de las 450 familias que llegaron a Eilat hace tres meses abandonaron la ciúdad para probar su suerte en los centros urbanos del norte. Los inmigrantes de Africa no presentan muchos problemas ya que vienen de un ambiente modesto y consideran que ganaron con el cambio. Tampoco les molesta el clima caluroso, al que ya están acostumbrados . Pero las cosas no son tan simples para los que vienen de Europa. Muchos no pueden encontrar trabajo en su profesión anterior. Un 2 por ciento de los inmigrantes eran tenedores de libros; 8 por ciento eran carpinteros y plomeros; 4 por ciento eran sastres. El resto son obreros sin oficio. Naftalí destaca que, además de los créditos y facilidades que se ofrecen a todos los inmigrantes, en Eliat se les proporciona una casa más grande, con refrigeración, una heladera a hielo y facilidades para adquirir cocinas a gas y heladeras eléctricas sin impuestos, en cómodas cuotas. “Claro que no es fácil adaptarse a Eilat”, reconoce Naftalí, “pero la Agencia Judía trata de proporcionarles todo lo que pueda hacer la vida más llevadera. Dentro de un tiempo, conseguirán un trabajo más fácil podrán gozar de la otra cara de Eilat, de su sol radiante, del paisaje y del rápido desarrollo económico. Entonces no dejarán Eilat por todo el oro del mundo”. (Israel y América Latina). Annahme Anzeigen fuer das Boletín Informativo Los Seremos 476 Of. 22-23 (Catedral Hdhe 1250) 9-1 ü. 2-6 TeL 87765 El pueblo judío es un conglomerado numéricamente modesto en la familia de las naciones. Sin embargo es una nación muy antigua: es el Pueblo de la Biblia. La Biblia es su propia razón de ser, el origen de su historia, de su fe y de su cultura. Durante los largos siglos de existencia atormentada, los judíos se aferraron al Libro de los Libros en busca de consejo, auxilio y esperanza en días mejores. Siguiendo esa herencia, la Biblia ha sido fuente de inspiración primordial del renacimiento nacional judío. El movimiento sionista, piedra fundamental en la concreción del Estado de Israel abrevó en el mensaje mesiánico del gran Libro y de la visión profética del retorno a Sión. Profundo apego a su herencia Por innúmeros factores, algunos de ellos telúricos, el pueblo de Israel de hoy está vinculado al contenido de la Biblia: su idioma, el ambiente, su propia experiencia de la reunión de los exilados, el paisaje físico, los unen casi físicamente a los días antiguos en que los profetas pisaban el suelo bíblico. Esto no significa que el moderno Estado de Israel sea una teocr?:ia; es una sociedad demcw -ática con una profunda adhesión a su herencia bíblica. Y esta adhesión se manifiesta en su constante afán de armonizar una antigua tradición con las complejas necesidades de un Estado del presente siglo. El hebreo acerca a la Biblia El dominio más íntimo del hebreo, a medida que el tiempo transcurre ha tenido el benéfico efecto de hacer conocer más y mejor el texto bíblico. El poder de comprensión del más humilde del pueblo es mucho mayor. Esto explica el hecho de que muchos estudiosos de la Biblia de otros países, sacerdotes o legos cristianos hayan venido a pasar largos períodos en Israel para acostumbrarse al hebreo hablado y hallar a través de él, la posibilidad de una nueva y más profunda comprensión de las escrituras. En los estudios y certámenes La Biblia juega un papel tan vital en la vida de Israel que es una de las características más sobresalientes del país. El programa de estudios de cada escuela, sea religiosa o laica, abarca proporción considerable de estudios bíblicos. No menos del 25 al 30 por ciento de todas las horas de clase son consagradas a esta materia. En sus ocho años de ense¬ ñanza primaria obligatoria, el alumno habrá leído la Biblia en su casi totalidad, aprendido de memoria sus capítulos más importantes y estudiado los comentario® principales. Volverá a estudiar el texto más profundamente en sus cuatro años de estudios secundarios. Para quienes desean especializarse en la Biblia o materias afines, existe el Instituto de Estudios Judaicos de la Universidad Hebrea de Jerusalén. Por otra parte se realizan anualmente certámenes bíblicos nacionales y cada dos años tiene lugar en Jerusalen el Certamen Bíblico Internacional que congrega a especialistas llegados de tolas partes del mundo y que acapara la máxima atención de toda la población israelí que permanece pegada al receptor noches enteras hasta altas horas de la madrugada, apasionada por el desarrollo de la competencia. La Biblia, parte de la vida cotidiana El idioma de la Biblia retumba en las plazas de Jerusalén y resuena en los campos. La prensa diaria informa sobre acontecimientos políticos, económicos y sociales en las palabras que emplearon Amos y Oseas. Los niños juegan y se divierten empleando los giros de Ezequiel y Elias. La callei que uno transita tiene un nombre bíblico. El matasellos postal en su sobre y el sello postal mismo a menudo se refieren a un lugar o una tribu de la Biblia; el dinero que uno gasta tiene su diseño bíblico. Si uno es un turista, se le mostrará el país en un automóvil de turismo que lleva un emblema bíblico. La columna de lás audiciones radiales en el diario le dará la hora de la lectura de la Biblia. En efecto, las audiciones comienzan, por la mañana con la lectura de los Salmos, tal como solían, recitarse en el Templo. Cada noche se transmite un capítulo de la Biblia, que luego es comentado por un erudito. Los hallazgos arqueológicos y las conferencias bíblicas ocupan en la prensa israelí amplio espacio. En fin, el detalle podría resultar tedioso, pero la influencia bíblica no se limita al renacimiento del hebreo o a la impresión de temas bíblicos a lo largo y a lo ancho de la imagen oficial del Estado. No hay esfera de vida en Israel que no esté imbuida del espíritu de la Biblia. Durante la Guerra de Liberación de 1948, los jóvenes campesinos transforma dos en soldados modularon su táctica según la estrategia de la que se valieron sus antecesores bíblicos, a punto tal que algunas estratagemas aplicadas por guerreros de la antigüedad fueron aplicadas por Israel para poder enfrentar con éxito a los ejércitos árabes que invadieron el país en número infinitamente mayor en potencial humano y bélico. En síntesis Israel ofrece al mundo el testimonio vivo y elocuente de ser fiel heredero de su carácter de Pueblo de la Biblia que ha restaurado su vida en el propio escenario de sus glorias pretéritas.