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Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel · 1967-04-01 · 4 (Abril, 1967) · p. Seite 19

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Journal
Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
Volume
XXIX (1967)
Issue
4 (Abril, 1967)
Date
1967-04-01
Page
Seite 19 (sequence 19)
Language
German
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ABRIL 1967 BOLETIN INFORMATIVO 19 AL SUDESTE. DE BEERSHEBA Al costado de la entrada principal de la moderna hostería ubicada en las afueras de Beershetoa, se halla anclada una nave del desierto, vale decir, un camello amarrado a un poste. Su principal razón de ser consiste en hacerse retratar al lado o debajo de los turistas, según la preferencia del individuo en cuestión. Un recorrido vagamente circular a lomo del paciente animal, de apenas dos minutos —breves pero agitados— de duración, cuesta una libra, según fui informado posteriorm ente por el muchachito beduino, a cargo_ de la bestia y de la administración de sus ingresos. Al otro lado del hotel se levanta una carpa negra de tipo beduino, la cual sirve de boite durante' la temporada de turismo. Actualmente, en noviembre, se encuentra fuera de uso. Por este motivo, no tendremos ocasión de presenciar las famosas danzas del vientre, las que parecen constituir una de las principales atracciones del lugar. “No se han perdido gran cosa”, nos informa en tono confidencial —seguramente para consolarnos— el joven argentino que trabaja en la recepción del hotel. Pero, a medida que adelanta la conversación, nos damos cuenta de que el muchacho lo halla todo mal en Beersheba, el clima, la gente, el gobierno, la administración de l¡a hostería, en fin, nada es de su agrado. Sobre todas las cosas se queja del sueldo, según él ínfimo, que le están pagando, “la misma miseria que pagan a un inmigrante del Yemen o del Irak”. “¿Y esa gente, acaso no es capaz de hacer el mismo trabajo que desempeña usted?”, me atrevo a preguntarle. La respuesta es afirmativa, pero... "Conmigo, la gerencia debería mostrar un poco más de consideración ... ”. Consideración especial, ¿por qué? ¿Porque él vino desde la Argentina y no del Yemen? Inútil confrontar a nuestro joven amigo con este interrogante. A falta de entendimiento, la conversación languidece y muere. La hostería misma, al igual que su nombre, ostenta cierto grado de sofisticación, apta para impresionar ante todo a los turistas norteamericanos. En la orilla del desierto, un recinto que muestra a cada paso los prolijos cuidados del hombre. Una lujosa piscina, engastada en medio de un césped de brillante verdor, algunas palmeras, cierta abundancia de flores. En el interior del moderno edificio, hay espaciosas salas, habitaciones confortables, acondicionamiento de aire en todas partes. Jai una serie de fotografías de encomiable intención artística, el pasillo del segundo piso ilustra la vida del desierto y de sus habitantes, tanto humanos como cuadrúpedos. Los textos evocan vagas reminiscencias de Karl May y Ornar Khayyam. Pero las suaves melodías que emanan del piano situado en el lujoso bar, en la planta baja, pertenecen a las más recientes creaciones de música bailable internacional. Mi mujer y yo habíamos llegado a Beersheba el día anterior al anochecer, luego de haber cumplido una jornada fatigosa pero ampliamente satisfactoria por las orillas del Mar Muerto. Habíamos participado en la ascensión colectiva a la gran cascada de Ein Guedi. Habíamos flotado en la salmuera, algo repugnante por cierto, del Yam Hamelaj y contemplado, desde lejos, la recia silueta de la fortaleza natural de Masada. La mañana nos trae la promesa de otro día caluroso. La llegada del autobús de turismo que ha de transportarnos en este día, a través del Neguev, a Eilath, nos había sido anunciada para las diez. Luego de un abundante desayuno todavía nos quedan dos horas sin programa fijo. Junto con un matrimonio argentino al que habíamos conocido en una excursión anterior, decidimos ir “al dedo” hasta la misma ciudad de Beersheba, para matar el tiempo en mejor forma que ambulando sin rumbo fijo por el recinto de la hostería. Ya pronto se apiada de nosotros el conductor de un venerable Ford, recogiéndonos en la carretera y depositándonos diez mi- ñutos más tarde frente al museo de la ciudad. Confieso que aquella ma¬ ñana sentíamos escasa inclinación a inspeccionar los tesoros arqueológicos del lugar. En cambio, resolvemos pasearnos por el centro de Beersheba. Edificios feos, la mayoría de dos pisos, peque¬ ñas tiendas, mucha gente por la calle, beduinos en todas partes. Llegamos a una especie de feria libre, llena de “cachureo” al estilo del Mercado Persa. En un puesto de frutas compramos jugosas mandarinas del tipo llamado “Clementinas” en Israel. Luego de haber buscado infructuosamente en algunas tiendas brazaletes de filigrana bonitos y también baratos, trato de ubicarme en posición estratégica para fotografiar a dos pintorescas mujeres beduinas. Mis víctimas se adelantan a mis planes, entrando a un negocio. Pierdo diez minutos esperando a que salgan. Se nos está haciendo tarde. Es hora de conseguir un taxi para volver al hotel. De repente nos damos cuenta de que hay algo en el aire, cierta tensión difícil de definir. Las facciones de los beduinos se muestran como siempre carentes de expresión, pero comenzamos a notar seria preocupación en las caras de los hombres vestidos a la manera israelí-occidental, vale decir con camisa de manga corta y pantalón caqui. La gente conversa en tono agitado, se concentra delante de los cafés y escucha con grave expresión el noticiario radial. Como no se ha sintoniado el programa “fácil” que resulta más inteligible para los inmigrantes, no alcanzamos a comprender sino una que otra palabra de la transmisión. Hay algo de amenazante en el ambiente. Qué hace el turista al sentir el peligro? Automáticamente trata de refugiarse en su hotel. Finalmente consigo un taxi. Rumbo a la hostería, pregunto al chofer qué es lo que está sucediendo. “¿Qué no sabe usted? Hay guerra con los árabes, em Jordania”. Quedamos atónitos. “Ze norá” (Qué terrible) es todo lo que mi vocabulario me permite decir en este momento. “¿Lama ze norá? Ze tov, tov meod”, me contesta el chofer con cierta vehemencia: “¿Por qué terrible? Eso está bien, muy bien”, y prosigue: “El Gobierno debía haberse decidido a actuar mucho antes, frente a las numerosas provocaciones de nuestros vecinos. Ahora verán los árabes lo que les espera cuando a nosotros se nos agota la paciencia...”. Llegamos a ia hostería. Nuestro autobús ya nos está esperando. Las palabras del taxista nos han devuelto el optimismo. “Esta gente es invencible”, declara con énfasis nuestro “compañero de ruta” argentino. Asentimos, pero se nos oprime el corazón al pensar, no tanto en el regreso de los soldados victoriosos, cubiertos de gloria, sino en las víctimas que nunca faltan en un conflicto armado. Llega la hora de partir hacia Eilath. Las maletas ya han sido colocadas en el bus y los pasajeros se ubican en sus asientos. Vemos algunas caras conocidas de la excursión del día anterior: las tres señoras canadienses que están haciendo la cimarra del Congreso de la Wizo en Tel- Aviv; el americano corpulento con la voz demasiado audible,- el matrimonio argentino; la joven mujer inglesa que ya vive desde hace diez años en Israel; la pareja holandesa de luna dei miel. En suma, constituimos un grupo bastante heterogéneo de judíos y no judíos. Antes de tomar la carretera principal al sur, el autobús se detiene todavía durante algunos minutos en Beersheba. Allí se suscita una discusión: el guía de la organización de turismo se declara incompetente para dar explicaciones también en idish. De origen francés, habla “solamente” cinco idiomas: hebreo, árabe, francés, inglés y alemán. El matrimonio argentino sólo entiende castellano y algunas palabras de idish. El esposo reclama porque ha pagado por la excursión incluyendo comentarios explicativos en algún idioma inteligible para ambos. Finalmente, se resigna a escuchar la narración del guía en inglés, francés y alemán, en la esperanza de comprender lo esencial del comentario. Saliendo de la ciudad, nos toca aguardar unos instantes frente al empalme de carreteras. De repente nos damos cuenta de que la hilera de vehículos que van pasando delante de nosotros hacia el sur, integra una columna de refuerzos militares para ei frente jerdano. Desfilan ante nosotros una treintena de camiones y carros blindados. Los soldados, uniformados de caqui, están cantando como lo que son, muchachos jóvenes, sin mayor ostentación de marcialidad. Contemplamos a esa espléndida juventud de cuerpo atlético y cara tostada, donde se busca en vano los rasgos típicos del judío de la diáspora. En nuestro vehículo reina el silencio. Todos observamos absortos a los soldados en camino al frente. Casi más que la victoria, anhelamos la paz. Ha pasado el último vehículo militar. Nuestro bus sigue a la columna blindada. A ambos lados de la carretera, vemos a la gente delante de sus casas, agitando sus manos en silencioso saludo para los soldados. Siento que; se me comprime el corazón. Mi mujer, que ha conocido la guerra muy de cerca está a punto de llorar. En estos momentos, siento vergüenza de ser un mero turista, sentado en un cómodo autobús con acondicionamiento de aire, mientras que esos jóvenes se encaminan hacia la frontera,, de donde uno que otro no ha de volver. La columna militar ha tomado un camino secundario hacia el sudeste, en tanto que nosotros seguimos al sur. El americano extrovertido ha comenzado a entonar una canción jalutziana. Algunos de los demás pasajeros se animan a acompañarlo. Ni mi mujer ni yo sentimos ganas de cantar por ahora. Miramos el paisaje desértico un sol implacable. En esa que vibra bajo el calor do dirección debe estar Jordania. Aún no hemos oído hablar de un caserío llamado Samua. Todavía ignoramos que las repercusiones de la acción militar de ese día harán tambalear el trono del reino vecino. F. MENDEL. Jardin Zoológico Bíblico Obsequiado a la Capital Brasileña Ruinas en las cercanías de Beersheba, dan cuenta de un gran pasado. JERUSALEN.-— (ERES- NEWS).— Animales del Jardín Zoológico Bíblico de Jerusalén serán obsequiados ai nuevo zoológico que se proyecta para Brasilia, la nueva capital del Brasil. Efectuó el anuncio el Prof. Aharon Shulov, profesor asociado de zoología de la Universidad de Jerusalén a su regreso de una gira dei seis semanas por varíes países sudamericanos. Los animales bíblicos que se obsequiarán, incluyen un par de gazapos (el conejo de la Biblia), varias parejas de palomas silvestres y, más adelante osos israelíes nacidos en Jerusalén. El principal propósito del viaje del Profesor Shulov es asistir a un simposio nacional sobre venenos animales que se efectuó en el Instituto Butantan de Sao Paulo. Participaron cerca de 70 delegados provenientes de veinte países, incluso cuatro científicos israelíes. El Prof. Shulov, presento un trabajo sobre la biología de los animales venenosos de Israel y participó en discusiones acerca de la preparación de un antisuero. El desarrollo del antisuero del Prof. Shulov, contra la picadura mortífera del escorpión amarillo —el antisuero más fuerte dei su especie que existe actualmente en el mundo— despertó comentarios favorables de parte de los delegados de la conferencia. Al concluir la conferencia los delegados de Argentina, Brasil, Francia, Alemania, Perú, la Unión Soviética, el Reino Unido y los Estados Unidos sugirieron que Israel sea el anfitrión de uno de los próximos simposios internacionales sobre venenos animales. La próxima conferencia tendrá lugar en el Perú, la siguiente, en Israel y ésta será a su vez seguida por la que tendrá lugar en la URSS.

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