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Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel · 1967-04-01 · 4 (Abril, 1967) · p. Seite 15

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Journal
Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
Volume
XXIX (1967)
Issue
4 (Abril, 1967)
Date
1967-04-01
Page
Seite 15 (sequence 15)
Language
German
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ABRIL 1967 BOLETIN INFORMATIVO 15 UN ESPAÑOL ARCAICO Hace algunos años, Madrid fue escenario de una asamblea académica poco usual, reunión que rompió un silencio de* cerca de quinientos años. El gobierno españoi convocó un simposio destinado al estudio del mundo cultural de la sefaraditas o judíos de habla española. Para los judíos sefaraditas de cualquier parte del mundo occidental, el gesto del gobierno español significa reconocimiento de penas e injusticias pasadas y planes para el futuro. Eispaña y los sefardíes han prometido actuar juntos como custodios de un antiguo tesoro, que ha estado hasta ahora, esparcido, consumiéndose, oculto, casi tan desconocido para el mundo judío, como para el resto del globo. La sinagoga El Tránsito, de Toledo, fue solemnemente declarado museo del judaismo español; una estatua de Moisés Maimonides, el desterrado filósofo medieval, fue descubierta en el barrio judío de su nativa Córdoba. La Federación Mundial Sefaradita y el Instituto de Cultura Hispánica se reunieron para dar varias resoluciones. Por una de ellas se agradece al gobierno español por la ‘ humana protección de los sefaraditas y otros judíos” durante el holocausto nazi; por otra, se solicita establecer centros de "cultura sefardi y española” donde haya un número razonable de sefarditas y otras comunidades de habla espa¬ ñola,- una tercera recomienda e-1 estudio del judeo-espa- ñol en universidades españolas. La herencia hispánica del sefardí es antigua. Estuvieron en España en época por lo menos tan primitiva como la de los cartaginenses, según nos dice Abraham Sachar en su “Historia de los Judíos”. Perseguidos en los primeros tiempos, vieron en las conquistas sarracenas la posible esperanza de una tolerancia religiosa y hacia el año 711 se habían aliado con los invasores árabes. La historia demostró que hicieron bien; los musulmanes aceptaron plenamente a los judíos en la vida cívica. Muchos alcanzaron riqueza y poder o se dedicaron a la enseñanza, la diplomacia o las artes, haciendo de intermediarios entre los árabes y el mundo cristiano. También se destacaron como médicos. “La feliz unión de las culturas hebreas y musulmanes produjo un renacimiento en la literatura y la filosofía, en la ciencia y la religión”, observa Sachar, y la gloria de .España en la cumbre de su poderío ha sido vinculada por muchos historiadores con la laboriosidad y patriotismo de sus ciudadanos judíos. El final no fue abrupto ni fue imprevisto. Cuando la cristiandad reconquistó la península, la posición de los judíos desmejoró. Hacia 1492, cuando Fernando e Isabel unificaron la España católica, la colectividad judía de ese país se vio ante una precisa y penosa elección: conversión o destierro. Muchos eligieron convertirse; entre éstos, los optimistas marranos, que se mantuvieron judíos en secreto mientras profesaban abiertamente el catolicismo. El resto de los judíos españoles, pobres y desola dos, abandonaron su amada tierra para hacer su peregrinaje a través de Europa en busca de refugio. Algunos fueron al Africa del Norte, otros a Francia o Italia, encaminándose eventualmente hacia Holanda o Inglaterra, donde siglos más tarde Espinoza y Disraeli habían de nacer de familias sefarditas. Otros, en fin, fue ron calurosamente recibidos en los reinos musulmanes del Mediterráneo, donde se esperaba que sus habilidades industriales y comerciales infundirían nuevo vigor a la vida económica. En Turquía. Rodas, Grecia y el litoral del Mármara, vivieron una vez más en una paz relativa. Aquí, libres para gobernarse en comunidades autónomas, continuaron hablando el español. Basta examinar esta preferencia en el idioma para ver la real diferencia entre los judíos sefarditas y los ashkenazis. ¿Por qué conservó el judío sefardí con amorosa lealtad el idioma del país que no solamente lo había desterrado sino que aún lo perseguía doquier la Inquisición pudiera seguirlo para torturarlo y exterminarlo como marrano? El español es hablado por los sefardíes con orgullo hasta el día de hoy. Considerado por los eruditos cristianos de España como una lengua pura, se le acuerda también el alto honor de ser usado en la Sinagoga. Tres o cuatro veces al año, en festividades especiales, el sefardí recorre la liturgia en español ladino. La respuesta a esta aparente paradoja se halla en el pasado del judío de habla española. Establecido en los Balcanes, siguió recordando su patria española, un país donde se le respetó e> hizo fortuna. Un país que había sido, además, la primera potencia de Europa, la más rica y civilizada de las naciones. Los grupos de judíos sefardíes que llegaron a ios Balcanes, se “apoderaron” en realidad de las colectividades judías no sefarditas ya existentes, modelando poblaciones más antiguas según el patrón de los hispano-parlantes. Pues preservar las costumbres españolas y sefarditas significaba preservar la memoria de glorias pasadas, recordar un antiguo y honorable linaje. En Turquía, Rodas y Grecia, los descendientes de los desterrados españoles vivieron, pues, en paz. Los ghetos de Europa, los pogroms de Rusia y Polonia les eran tan desconocidos como los vastos cambios del judaismo reformado. Se mantuvieron ortodoxos, tradicionales, pastoriles, pescadores, campesinos. En los primeros años de la América colonial (América del Norte), llegaron, es cierto, sefarditas al Nuevo Mundo, pero fueron de asc e n d e n cia noreuropea, en busca, como los puritanos, de libertad religiosa. Eran también hombres de mundo y de buen pasar. Los judíos de los Balcanes eran gentes más simples,- aún los habitantes de las ciudades reflejaban el atraso, la condición semifeudal del imperio otomano. Al comenzar el siglo XX, empero, un lento reguero de jóvenes sefardíes de Turquía y Rodas comenzó a desplazarse por los EE. UU. en busca de aventuras y oportuni dad económica. Pero la primera guerra mundial y más tarde la revolución de Atatürk en Turquía, hicieron que engrosara el reguero. Miles de sefardíes comenzaron a afluir a través del océano, muchos para establecerse en Nueva York, mientras otros cruzaron el continente hasta Seattle, Portland y Los Angeles. El de Nueva York es actualmente el enclave sefardita más grande de Norteamérica, el de Los Angeles el segundo y el de Seattle es el tercero. En los días de gloria de España, los judíos sefarditas eran mucho más numerosos que los ashkenazis; hacia 1700 había igual número de unos y otros y hoy los primeros son minoría. De los doce> millones de judíos del mundo, alrededor de un millón son sefardíes. La guerra tuvo para la colectividad sefardita nefastas consecuencias.. Salónica, su mayor centro en Europa había sido destruido y sus más de cincuenta mil judíos de 1940 reducidos a apenas dos mil en 1948. Eruditos e historiadores, tanto cristianos como judíos, empezaron a hurgar entre las cenizas tras los restos de la tradición sefardita. En España, a pesar de la alianza con el Eje, las fronteras habían sido siempre abiertas para los judíos fugitivos y el gobierno probo ser amigo piadoso de los perseguidos. Ahora los eruditos españoles empezaban a unirse a los eruditos judíos en la obra de restauración; en la Biblioteca Nacional de Madrid se hacía en 1959 una exposición de libros judíos que hacía conocer al resto dei país la poesía, la música, los cantos y las baladas que se habían conservado vivas durante más de cuatro siglos y medio. La acogida del pueblo español fue entusiasta. En 1961, bajo la dirección del decano de la erudición española, el entonces nonagenario profesor Ramón Menéndez Pidal, las autoridades españolas invitaron a la Federación Mundial Sefardita a fundar un Instituto de estudios sefardíes en Madrid. Ello condujo al simposio sefardita de 1964 y dio comienzo a una nueva era para los judíos de habla española. Los sefardíes de Seattle (ciudad residencia de la autora) cuyos cánticos y poemas fueron llevados al simposio, representan dos ramas estrechamente vinculadas a la historia de los sefarditas: aproximadamente la mitad llegaron de Grecia, Turquía y la isla de Mármara, mientras que la otra mitad vinieron de la isla de Rodas. Los Por Joan Dash (Seattle) primeros formaron la congregación Bicur Cholim, dirigida por el rabino Salomón Maimón. En la congregación Ezra Bessaroth, dirigida por el rabino William Greeneberg, están los de Rodas. Juntos constituyen un grupo aún distinto, todavía con mucho saber de su herencia española, Alguien ha observado que en realidad el sefardita tiene dos religiones: la judía ortodoxa y la sefardita, queriendo significar que su vida diaria, tanto dentro como fuera de la sinagoga, está regida no solamente por las normas de los judíos militantes sino también por io que es sefardita. Para hacer un sintético retrato de los sefarditas de Seattle podríamos decir primero, que son orgullosos. Aún hoy se puede oír a los viejos compararse, como lo hacen los irlandeses, con sus antepasados ilustres. Son patriarcales; el padre es el jefe absoluto de la familia, a los hijos varones se los tiene muy en cuenta mientras las hijas eran hasta hace bien poco ayudantes de la madre y quedaban en casa después de terminar la escuela secundaria. Aún hoy, los matrimonios son concertados y costeados por la familia del novio. Son formales, ceremoniosos, casi rígidamente tradicionalistas; para mantener un nexo con el pasado continúan cultivando antiguas formas de magia folklórica y de viejos rituales hace tiempo caídos en desuso en otras comunidades. Por el aspecto siguen siendo mediterráneos; tez oliva, más bien bajos, con abundante cabellera oscura y cierta elegancia atlética. En culinaria, los sefardíes de Seattle repiten la historia: mucho de su alimenta ción es de origen turco o griego, pues su cocina tradicional, a base de aceite, se aviene muy bien con el kashrut. Pero la España medieval está muy bien representada en una serie de complicados platos que la España moderna hace tiempo ha simplificado: pescado cocho con avramila, fricaditas de espinaca, pastellitos de carne, pese al forno y otros. Y 3 a pastelería es casi exclusivamente española: panespaña panderica, almendrado, piñonata, bizcochos. En materia de idiomas. ía lengua ladina conserva la calidad del español medieval. Según David Rommey, de la Universidad de Temple, ia pronunciación de los judíos (Pasa a la pág. 17) Kuando el puevlo de Israel.: Romance destinado a glosar un relato del Exodo, se canta todavía hoy para Pesaj en Portugal en varias comunidades de evidente y curioso origen marrano. Es también conocido entre los sefarditas más ancianos de Seattle. Kuando el puevlo de Israel de Ayifto salieron kantando, ton ijos y kon mujeres xir xirim ivan kantando. Unos yevavan la leña, otros yevavan el amasado; los ombres a las kriaturas de los brasos i de las manos. Las mujeres yevavan el oro, ke es la koza más liviana. Boltó la kara Moxé, por ver kuanto ivan pasado. Vido venir a Paró kon un pendón koronado. —¿Ande nos truxite, Moxé, a morir en estos kampos, a morir sin subultura o en la mar aogados? —No vos espantés, gudiós, ni seáx despasensiados. Azé oración a El; yo aré por el otro lado. Tantas fueron las orasiones ke suvieron a el Dio alto. Una bos salió de los sielos; a Moxé lo ivan yamando. —Ven aki tu, mi ijo Moxé, asme este mandado. Toma esta vara, Moxé, toma esta vara en tu mano. Parte la mar por doge kaminos i kita a tu puevlo a salvo. Los gudiós ivan pasando; los mitsrim se ivan aogando. No kédo más ke Paró, de las gargantas enkolgado. Ke miremos sus maravias, ke nos aze el Dio de en alto. El es uno i non segundo: El es Patrón de todo el mundo. MVë cO VT Después de su expulsión de España en 1492, los sefardíes migraron hacia otros países mediterráneos. Mapa de A History of the Jews, por Abram Leon Sachar.

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