Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
- Journal
- Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
- Volume
- XXIII (1961)
- Issue
- 7 (Julio, 1961)
- Date
- 1961-07-01
- Page
- Seite 17 (sequence 17)
- Language
- German
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JULIO 1961 BOLETIN INFORMATIVO 17 EDUCANDO A UNA NACION Una entrevista can et Sr, ÍÍÍSííSíSS ¡¡i 11111 Sr. Abba Eban, Ministro de Educación de Israel La presente entrevista que publicamos extractada del “Congress Bi-Weekly” fue hecha originalmente para el “Jet wish Observer and Middle East Review” (Londres). —¿Cuáles son los problemas principales a que Ud. se ve abocado? —Son 1.620.000 problemas, a saber: 600.000 estudiantes, un millón de padres y 20.000 profesores, todo ello encuadrado en un presupuesto sumamente estrecho. Lo demás son asuntos marginales. Las cifras que mencioné recientemente son significativas. Demuestran, que la educación es la preocupación primordial de Israel. Nada —ni siquiera la seguridad del Estado— afecta tan constantemente a tantos hogares e influye tan directamente sobre el futuro de nuestra nación. Su importancia se agiganta aún más, en vista de nuestro sistema educacional centralizado, pues, en ningún país, con la sola excepción, quizás de Francia, la educación es de responsabilidad tan absoluta del Gobierno. —¿Puede Ud. definir las responsabilidades de su Ministerio? —Bajo nuestra jurisdicción se encuentran, tanto los esta b 1 ecimientos parvularios como las escuelas primarias con una matrícula ascendente a 450.000 niños, entre 5 a 14 años. Asimismo, los estab 1 e c i m i e n tos secundarios, agrícolas y técnicos, con una población escolar de, aproximadamente, 70.000 estudiantes están bajo tuición académica nuestra. Además, participamos en el Consejo de Educación Superior, que tiene intervención en la Universidad Hebrea, el Technión, el Instituto Weizmann y la Universidad Bar lian. Todo ésto, sin haber mencionado siquiera a la educación de los árabes, que para nosotros es un rompecabezas de primer orden. Agregue Ud. a ello que nos encontramos empeñados activamente en fomentar la educación de adultos, siendo nuestro objetivo principal el fomento del hebreo entre los nuevos inmigrantes. Además, somos responsables del Departamento de Antigüedades, participamos en el Yad Vashem y supervigilamos el movimiento Gadna. Por último, en mi calidad de Ministro de Cultura tengo a mi cargo dirigir el Consejo de Bellas Artes y distribuir las subvenciones que el Gobierno otorga a la creación artística. Después de todo ésto, Ud. se habrá dado cuenta de la amplitud de nuestras responsabilidades, en lo cual hago hincapié por cuanto coadyuda a comprender que nuestra tarea principal es la definición de prioridades. —¿Existe una escala de prioridades para los próximos años? , —Hay' necesidades urgentes en todas las ramas de la enseñanza. Durante la primera década, concentrábamos nuestros esfuerzos en la educación primaria. Mientras que en 1948 había ¿2.000 niños entre kindergarten y escuelas primarias, hoy ya suman 450.000. Esto en sí es un logro considerable. Nuestros problemas actuales lo constituyen en primer lugar el perfeccionamiento profesional del magisterio; además debemos contrarrestar las influencias ambientajes que en muchos hogares afectan al desarrollo normal de los niños y, tercero, tenemos que proceder a la redefinición del plan de estudios, el cual debe mantenerse al nivel del desarrollo mundial en las diferentes asignaturas, especialmente en lo que se refiere a las ciencias y a las matemáticas. En la educación postprimaria afrontamos tareas aún más fundamentales. Este año, por primera vez, controlamos todos los establecimientos secundarios, agrícolas y vocacionales, lo cual es una oportunidad educativa única y no solamente un mero cambio administrativo. Abba Eban, Ministro de Educación de Israel La reforma del plan de estudios y el delineamiento de la educación especializada son tareas fascinantes. Ahí se define nuestro futuro. Lo mismo vale para la educación superior y la investigación científica. Aquí, la Diasporá ha desempeñado un papel decisivo. Como resultado, nuestros establecimientos en Jerusalén, Rehovoth y Haifa ofrecen oportunidades académicas muy superiores a las que nuestra pequeña comunidad habría podido brindar con sus propios medios. Creo que tanto nuestras Universidades como las instituciones de investigación, deberán mantener este carácter de universalidad. Ellos precisan de campos de acción que van más allá de las fronteras de Israel, necesitan el contacto con las comunidades judías, les es indispensable quedar en comunicación con la ciencia y el pensamiento occidental y deben continuar su obra de extensión internacional, muy especialmente en los países africanos y asiáticos. Uds. ya se habrán dado cuenta, que la enseñanza superior está en franca expansión y así se ha otorgado reconocimiento a la Universidad de Tel Aviv y a Ja de Bar lian. Tenemos una población académica de 12.000 estudiantes, comparada con menos de 2.000 en 1948. —¿Está de acuerdo con las afirmaciones del Ministro de Trabajo, que se da demasiado énfasis a las carreras Humanísticas en desmedro de los estudios técnicos y de que la insistencia en las humanidades encierra cierto snobismo? —No sé si sus palabras reflejan fielmente los puntos de vista de mi colega. La educación no es algo que se lleva a cabo en relación con el mercado de trabajo. El hecho de que este último, hoy en día parece requerir de menos personal con altos niveles intelectuales, no me impedirá luchar por la extensión de la educación secundaria y superior. Tengo sobradas razones para afirmar tal cosa. En primer lugar, no somos responsables sino del espíritu del ciudadano y no de su empleo ni de la bolsa de trabajo. Total, los derechos cívicos no se limitan a la esfera política sino también se relacionan con las potencialidades intelectuales del ciudadano. Mutilamos a un hombre si le privamos del derecho a desarrollar libremente sus facultades. Después de todo, el mercado de trabajo no es una cama de Procustos, donde a los sobresalientes se les elimine sin piedad. Aún más, las oportunidades de hoy, sólo representan una ínfima parte de las de mañana. Estamos empeñados en crear una sociedad en la cual se requerirá cada vez más capacidad intelectual. No quiero decir con ello, que debemos crear especialistas prematuros, pero sí, que necesitamos hombres y mujeres altamente preparados. No sabeirfos cuales serán las necesidades del futuro, más, aunque parezca ilógico, creo que le revolución tecnológica que vivimos no es un argumento a favor de una excesiva especialización. Por supuesto que rechazo, enérgicamente, la idea de vincular el deseo de adquirir conocimientos humanísticos con el snobismo. Es en las humanidades, donde encontramos la esencia del saber a través de los siglos, donde nos enfrentamos con los valores estéticos y éticos de la humanidad entera. Es tarea fundamental de la educación, poner al hombre en contacto con todas estas manifestaciones del espíritu, tanto en su forma individual como comunitaria. Israel más que ningún otro país, se debe a su herencia espiritual y aún más, está llamada a crear nuevos conceptos de convivencia. Esta es nuestra vocación y, así lo creo, nuestro destino. Dudo que este programa tan ambicioso pueda realizarse con los 3.000 graduados secundarios del presente año o con los 2.000 estudiantes matriculados en 1960. El problema reside más bien en que son demasiados los educandos de 14 años, que abandonan el colegio sin haber completado sus estudios. Afirmo categóricamente, que tenemos demasiado poca educación, muy especialmente en su nivel secundario. Después de todo, la Educación no es solamente la preparación para un empleo. Si eso fuera todo, Rabbi Akiba no habría tenido que adquirir toda su sabiduría para llegar a ser un zapatero remendón. —¿Ud. se refirió a cambios en el plan de estudios. ¿Podría ser más explícito? Aún es prematuro adelantar algo al respecto. En líneas generales estamos discutiendo: a) Mejorar el rendimiento de los estudios de idiomas extranjeros. Los árabes nos han aislado geográficamente y nosotros hemos estado aislándonos intelectualmente al transformarnos en una nación monolingual. Esto no se reconcilia con la ambición de reforzar nuestros vínculos internacionales ni tampoco con la de mantener vivos los lazos con la Diasporá. En pocas palabras: Necesitamos a más israelíes, que sepan hablar, leer y escribir correctamente un idioma extranjero. b) Más ciencias y matemáticas en el nivel secundario. Si no, nuestros impresionantes centros de investigación desaparecerán dentro de la próxima generación. c) Una revisión completa de nuestra curriculum hebráico y judáico, a fin de enfatizar su carácter universalista a la vez que sus contenidos nacionales. Israel es grande, cuando su horizonte es amplio. Debo reconocer empero, que tengo debilidad personal para aquellos que hablan un buen hebreo y que aborrezco esta jerga de palabras incoherentes aue actualmente constituye el vocabulario de nuestra población. Hay miles de israelíes, cuyo campo intelectual está artificialmente restringido por la carencia de un medio de expresión adecuado. Esta falta no reside tanto en el idioma como en ia poca importancia que se ha dado, a su uso correcto. —Ud. recientemente mencionó el peligro de una explosión social. ¿Puede indicarnos a que se refirió? —Sí. Me referí a nuestras comunidades de origen oriental, que constituyen el 50% de la población y que casi no tienen representación parlamentaria; no tienen ningún oficial de alta graduación, ningún juez de la Corte Suprema, etc. Tarde o temprano, esto provocará una situación explosiva. Reconozcamos que hoy en día, un sector monopoliza las posiciones llaves y el otro se ve excluido, desde luego, no a causa de discriminaciones, sino, sencillamente por el retraso en que hasta hace muy poco vivía. La solución está en nuestros colegios y universidades. Pues bien, en los kindergarten, la proporción sefaradí es del 60%, en los colegios primarios del 50%, en los primeros cursos postprimarios del 27%, llegando a graduarse un 13%. En las universidades, sólo un 5% de los estudiantes es sefaradita. Son muy pocos los orientales que alcanzan a adquirir los conocimientos necesarios para el desempeño de posiciones directrices; las condiciones ambientales conspiran en contra de ellos. Remediar ésto es la responsabilidad primordial de este Ministerio y gran parte de nuestro presupuesto se destina a tal fip. —Ud. también es Ministro de Cultura. ¿Puede referirse a esta labor? —Estoy decidido a prestar máxima atención a este rubro. La educación no puede florecer en un desierto cultural. Pues, precisamente, es ésto lo que sucede én muchas partes, especialmente en las nuevas ciudades. Nuestros recursos culturales se han concentrado en dos o tres ciudades. El escritor, el artista, el dramaturgo, el músico, carecen de status social y de dignidad profesional. Habla cierto antintelectualismo en los primeros días del sionismo, cuando se idealizó la labor manual. Esto ya no tiene cabida en una sociedad moderna. Veo, que Ud. pidió más fondos para su Departamento de Antigüedades y deduzco por tanto que Ud. no participa de la opinión que se da demasiada importancia a la arqueología en Israel. —Al contrario. Somos el único de los nuevos estados que actualmente surgen, que está ligado a una cultura histórica. Esto nos salva de la superficialidad y del provincialismo, pues este último es un concepto que obra tanto en el tiempo como en el espacio. Un hombre que sólo vive en el presente está condenado al provincialismo. —¿Quisiera Ud. darnos un punto de vista general sobre la educación en Israel? —Digamos que debemos darnos cuenta de' las limitaciones de las fuerzas materiales del país y entregarnos de lleno a la conquista de aquello en lo cual podemos sobresalir, a saber, las ciencias, el espíritu y el progreso intelectual. Cada revolución espiritual ha sido una protesta apasionada contra la inercia. Hay demasiado inercia en nuestra propia comunidad. Israel necesita de un movimiento educativo renovador. No debemos pensar dentro de nuestras estrechas fronteras físicas, sino en las vastas esferas de la historia y de la conciencia humana.