Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
- Journal
- Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
- Volume
- XXIII (1961)
- Issue
- 1 (Enero, 1961)
- Date
- 1961-01-01
- Page
- Seite 13 (sequence 13)
- Language
- German
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Enero 1961 BOLETIN INFORMATIVO 13 QUINCE AÑOS ¿Qué son quince años? Un tiempo breve, tan corto que pareciese como si lo que pasó entonces, (hubiera sucedido hoy, estuviera presente aún en nuestra vivencia cotidiana. Sin embargo, llega repentinamente un momento en él que nos damos cuenta que en estos últimos quince años los acontecimientos han ido precipitándose a un ritmo tan vertiginoso que en 1961 nos encontramos en un mundo totalmente diferente al que existió en 1945. Para darnos cuenta de ello, basta un acontecimiento cualquiera. Así ha sucedido últimamente. Toda la prensa ha publicado noticias acerca de unos sacos de correspondencia que en 1945 quedaron rezagados en el vapor “John Bidwell”, para ser encontrados algunas semanas atrás cuando el buque iba a ser desguazado. La correspondencia contenida en estos sacos fue enviada a sus destinatarios y es así que hemos recibido el “Mundo Israelita”, de Caracas —Venezuela— de fecha 2 de junio de 1945., Saquemos al azar algunos párrafos de este periódico que ha llegado a nuestro poder: Bajo el título “Se hará Justicia”, Eduardo Cats comenta que “... en las salas del Consejo de San Francisco (se refiere a la sesión constituyente de las Naciones Unidas) el pueblo judío sólo está representado por los representantes de aquellos que piden que a los restos de su pueblo que aún viven, se les conceda algún don en reconocimiento de los muchos años‘de despojo, sufrimientos y muerte”. Continúa el articulista: “.. .¿Qué busca el pueblo judío? Nada, nada más que simple justicia. El pueblo judío, por motivos simplemente humanitarios debería tener derecho a entrar en Palestina sin consideraciones de su país de origen, y como asunto de derecho material, Palestina debiera ser constituido de nuevo en Estado judío libre y democrático”. León Gruzko escribe un artículo “El problema de Palestina en la política internacional”, en el cual llega, luego de sesudas reflexiones a la conclusión de que “.. .los judíos insistirán en la reconstrucción, acudiendo a todos los medios a su alcance, respaldados también por las simpatías del mundo y una vez que lleguen a constituir una fuerza en escala estatal, el Gobierno de Inglaterra no tendrá la necesidad de proclamar nada. Será suficiente constatar un hecho real: existe, desde luego, un Estado judío en Palestina”. De entre la sección “Noticias de todas partes”, sacamos algunos titulares: “Churchill rechaza la petición de repatriación de refugiados”, “3.000 judíos, salvados de los campos de concentración, llegan a Suecia”, “La Sexta Conferencia de Trabajadores de la Histadrut pide a la potencia mandataria autorización para absorber a 24.000 niños refugiados”. Una noticia ITA da cuenta que “la bandera sionista ondea en lo alto de la torre de guardia de Dachau”. Se publica una nómina de “150 sobrevivientes de Frankfurt am Main” y una lista de “refugiados judíos que llegaron a territorio ruso procedentes de los Estados Bálticos”. Recibir noticias del mundo de ayer es algo irreal, algo que espanta. Parece como si reviviese de repente todo un pasado ensangrentado y sombrío. Y sólo en momentos como éstos, podemos medir la enorme distancia que nos separa de aquellos años, podemos apreciar en todo lo que vale lo que ha sucedido en este brevísimo tiempo, el vuelco total que se ha operado en nuestra existencia individual v colectiva. G. A. VZyPm Recibimos la siguiente comunicación de don Gonzalo Drago Gac, autor de la conocida novela “Cobre”, analizada en nuestra edición de septiembre de 1960: Señor Director de “Boletín Informativo” Presente. Distinguido señor; He tenido el agrado de leer el comentario sobre mi libro de cuentos titulado “Cobre” aparecido en el número correspondiente al mes de septiembre pasado en el que se analiza, en forma acertada, según mi parecer, la obra citada. No obstante me permito manifestar a usted que no estoy de acuerdo con el articulista cuando expresa "que mi libro respira pesimismo y, hasta cierto punto, xenofobia”. Puedo declarar honradamente, y con mucha satisfacción, que he superado todo torpe chauvinismo o xenofobia y que respeto a todas las razas y hombres del mundo. En “Cobre” lo digo; “No odio a los americanos; odio sus injusticias, “y en otra parte cito una hermosa frase de Tertuliano; “El mundo es una república, patria del género humano”. He sido y seré siempre un decidido defensor de la raza judía, precisamente porque ha sido perseguida injustamente. No obstante, no odio a los árabes, seculares enemigos de los judíos. Sencillamente no cuentan con mi simpatía en el aspecto indicado, es decir, de persecución a los judíos en su pequeña patria palestina. (7/03 tf OtcUfá 8.7; CENSO ULTIMO MODELO Hay muchas clases de censos. Los hay, que han pasado desapercibidos y hay otros que han causado revuelo en la historia del mundo. Uno de estos últimos fue el que realizó el Rey David, de Israel, a consecuencia del cual murieron un sinnúmero de gentes. Otro que desde hace dos mil años se recuerda, es el censo que mandó hacer el Emperador Augustus, de Roma. La costumbre de inventariar a la gente es, pues, tan antigua como la humanidad misma, pero mientras que en otras épocas sólo se encuestaba de vez en cuando, quedando los inventarios a la buena de Dios, en nuestro siglo la costumbre se ha convertido en vicio y no hay actividad alguna que no se precia de haber realizado incontables encuestas y censos. Por otra parte, ahora se han invertido' los ¡papeles. Mientras que antiguamente se contaba a la gente, a los animales y, eventualmente, a las máquinas, hoy en día son las máquinas —los cerebros mecánicos— los que cuentan a la gente y las clasifica. Son ellas las que sacan conclusiones de los datos proporcionados y nosotros, humildemente, acatamos lo que la máquina nos indica. Con todas estas facilidades se están haciendo los censos a más y mejor. Hay censos ganaderos, de aves de corral, de empleados particulares, de habitaciones desocupadas y de otras que no lo son, etc. Incluso nosotros, para no ser menos, estamos empeñados en realizar un censo juvenil el'que se asemeja cada vez más a la cancioncita de la cucaracha, esa que dice: “que la cucaracha ya no puede caminar, porque le faltan las patitas de atrás” (en el caso nuestro, los voluntarios, que salgan a la calle a entrevistar a los jóvenes). Así, ésto de contar gentes y clasificarlos después, es un entretenimiento muy de moda y da base a toda clase de estadísticas, las que a su vez sirven de fundamento a las afirmaciones más temerarias. Sin embargo, aunque ahora hay máquinas que se encargan del trabajo dél censo, siempre queda la labor primaria, o sea, lp de encuestar a las pobres víctimas. Allí ya se presenta la primera dificultad. La persona que realiza el censo es, según leimos en la prensa, o el encuestador, o el censador, o el censista y hasta hemos tropezado en alguna publicación oscura con un censacionista. Y ni qué hablar de la parte pasiva de la población. Ignoramos si la Real Academia ha establecido un término definitivo para los que ejercen tal actividad. Lo único que sabemos que aquí no hubo acuerdo en este sentido. Si esto fuera poco, recordemos que esto de hacer un censo, no es de modo alguno miel sobre hojuelas para ninguna de las partes. Incluso no está exento de peligros o de situaciones embarazosas, como por ejemplo sucedió últimamente en Brasil cuando el encargado del censo tuvo que explicar largamente a una digna señora, rodeada de un sinnúmero de niños, que es y que lo que quiere decir la pregunta: “¿Vive o ha vivido Ud. alguna vez en estado conyugal?”. Cosas como éstas suceden frecuentemente y aunque puedan haber dudas sobre la utilidad de los censos, nadie discutirá la de las anécdotas sabrosas que son su subproducto. Nosotros en Chile hemos pasado recientemente por una experiencia de esta índole. El veintinueve de noviembre nos encuestaron a nosotros; nos hicieron la radiografía completa. Hay que reconocer que pocas veces se hizo un censo tan simpático como éste, realizado por “Don Censito”, cuyas historietas ya, con mucha anticipación constituyeron delicia de grandes y chicos. Días antes ya reinaba ambiente de fiesta. La chiquillería andaba suelta! feliz porque se habían suspendido las clases, pues los profesores tenían que encargarse del censo. El estudiantado universitario se olvidó momentáneamente de los problemas nacionales e internacionales, dejó por unos días la tarea de salvar al mundo en manos de los estadistas, para dedicarse a contar a sus conciudadanos. E incluso, los liceanos de los últimos años se olvidaron de sus exámenes para preocuparse de la aritmética aplicada. En la mañana del gran día, desde Arica hasta la Antártida, partieron los encuestadores a recoger los tremendos formularios que previsoramehte habían dejado un día antes en todos los hogares de Chile. Nadie se escapaba. Ni siquiera los pingüinos de la base O’Higgins. Pero los muchachos se llevaron una tremenda sorpresa en muchos casos. O los formularios estaban mal extendidos, o no los habían llenados o los chiquillos habían utilizado el papel para otros fines... como por ejemplo, armar botes de papel. Con paciencia admirable los sufridos voluntarios revisaron y recontaron, respondieron a innumerables preguntas, hicieron frente a la curiosidad insaciable del vecindario que a toda costa quería saber lo que les habían contado en la casa del lado, no faltando nunca el comentario de alguna vecina chisinosa ... “Chis, ¿qué estará haciendo esta chiquilla aquí intruseando... no tendrá otra forma de pescar marido...?”. Soportar todo esto sin desfallecer, aguantar el calor y los chismes del barrio, separar los datos tropicalizados de las verdaderas, no era tarea fácil. Es verdad, la población cooperó en todo lo posible. Nunca dejaron de dar informaciones sobre el vecino, aunque éstas nada tenían que ver con el censo Pero sea cual fuere, qué va a hacer Ud. con un ciudadano que no sabe su edad, no tiene idea cuántos hijos tiene y el cual responde a las preguntas del censo habitacional sólo con un: “.. .Pues, ve Ud., patroncito...”, para enmudecer después definitivamente. Había que tener una voluntad de oro, paciencia y mucho don de gentes Ahora ya terminó todo ésto. Be recogieron los formularios, alguno que otro habitante de Santiago incluso habrá mandado los cuestionarios del censo 'de la locomoción (para que en la Dirección del Tránsito se den cuenta que las cosas andan mal y continuarán mal por los siglos de los siglos) los profesores se reintegraron a sus labores y los estudiantes planifican el próximo paro. Ahora le toca a las máquinas que en estos momentos están devorando ficha tras ficha para decirnos cuántos somos, qué somos y cómo somos. Veremos las novedades que nos contarán. Para finalizar no puedo resistir la tentación de reproducir fielmente una composición escrito por el hijo de un amigo mío sobre el mismo tema: EL SENSO huvo Ace algunos dias senso. Mi mamá ya me havia contado que nos ivan a contar y en la mañana bino el sensista para preguntar la pila de leseras. Dijo a mi mamá que ahora todos ivamos a ser sensatos. Me pidió un baso de agua y preguntó a mi mamá sí ella dormía en la cocina. Chitas que pallasadas. Por el senso nos dieron feriado. Esto nos gusto mucho. Biba el senso. G. A.