Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
- Journal
- Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
- Volume
- XXII (1960)
- Issue
- 11 (Noviembre, 1960)
- Date
- 1960-11-01
- Page
- Seite 17 (sequence 17)
- Language
- German
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Noviembre 1960 BÖLETIN INFORMATÍVÓ 17 EL MATRIMONIO SECRETO creto”, de Domenico Cimarossa. Tanto la Orquesta como los cantantes individuales supieron dar lo mejor de si mismo y el nivel general del espectáculo fue muy superior a todo lo que estamos acostumbrado en este género. La versión fielmente ajustada al estilo de la época, contó además con un buen director de escena, Alfonso Unanue, cuya experiencia y temperamento lo predestinan para tal labor. Helga Engdahl y Sylvia Wilckens como Carolina y Elisetta, Gastón Soublette como Jerónimo, Ignacio Basterrica en el papel de Paolino, y por último, Renato Gómez como Róbinson, acusaron evidentes progresos, dominio de sus papeles y soltura escénica. Lo mismo vale para Ana Rubylar en el difícil papel de Fidalma. Muy en especial impresionaron Helga Engdahl e Ignacio Basterrica por su impecable labor, y la sorpresa más grata nos deparó la Orquesta Filarmónica que, en definitiva, parece haberse compenetrado de que es tan importante tocar bien dentro del foso de Orquesta como en el mismo escenario. Ojalá que el pesimismo que manifestábamos al principio sea injustificado en esta oportunidad y de que el esfuerzo, digno de todo elogio, tenga siquiera esta vez el eco que se merece. H. E. Tapicería de 1 - ..... —. Bertoldo Schlesinger 10 de Julio 357 — Fono 397282 YESO ROMERAL TABIQUE PROMONTA Progreso Y Economía para las Construcciones Distrib.: SODIMAC . AGENCIAS S. A. C. SAAVEORA BENARD GRAHAM S. A. C. Es algo realmente curioso lo que pasa con la ópera en Chile. Hace unos veinte años, la ópera era la única manifestación artística que se cultivaba en el país, si hacemos abstracción de los esfuerzos esporádicos de la Sociedad Bach y de la labor bienintencionada pero sin trascendencia de alguna que otra compañía teatral. Las “temporadas de Septiembre’’ congregaban a medio mundo que, con buen entendimiento, comentaba los méritos o los defectos de los cantantes que nos visitaban. Después, con el surgimiento de la Orquesta Sinfónica, de los Conjuntos de Cámara, del Grupo de Danza, de los Teatros Universitarios, la ópera perdió prestigio hasta llegar a convertirse en un verdadero hazmerreír, el cual, año tras año, para no perder la tradición fue pulido y remendado para después ser guardado nuevamente en quién sabe qué rincón. No faltaban voces que clamaban contra este desprecio injusto y se hicieron numerosos esfuerzos para depararnos temporadas dignas e interesantes, aprovechando la experiencia que orquesta, directores de escena y cuerpo de baile habían adquirido y haciendo uso de este maravilloso semillero de voces que tenemos. De entre estos esfuerzos debe mo s destacar especialmente los realizados por la directora del Departamento de Opera del Conservatorio Nacional de Música, doña Clara Oyuela y de nuestro antiguo conocido, don Juan Peyser, los que, juntos o separadps, se han esforzado a través de muchos años en hacer ópera en Chile. Versiones dignas, aunque modestas, de muchas grandes obras del repertorio universal, dan testimonio de su empeño incansable. Sin embargo, toda esta actividad sólo se realizó esporádicamente y después de haber transcurrido cierto tiempo, haber conquistado un resonante éxito de crítica y haber tropezado con el desinterés más absoluto del público, se volvió a adormecer. Las causas son demasiado complejas como para analizarlas aquí y sea suficiente señalar el hecho de que en veinte años de esfuerzo, mientras todas las demás artes renacieron con vigor y empuje, la ópera en Chile fue decayendo hasta no dar más. Ahora nos encontramos nuevamente ante un esfuerzo muy serio, muy digno y abrigamos serios temores que volverá a suceder lo mismo que ya pasó tantas veces: éxito de crítica, vacío de público y, en consecuencia, el desbande general. Nuevamente ha sido Clara Oyuela el spiritus rector de esta tentativa. Ella, junto con Juan Matteucci y contando con la colaboración de un grupo de jóvenes cantantes, nos dio una versión muy hermosa del “Matrimonio Se- LA ALONDRA Aprovechando la jira del ITUCH a la República Argentina, el Teatro ICTUS estrenó en la Sala Antonio Varas “La Alondra”, de Jean Anouilh. Hasta este momento habíamos considerado al grupo “Ictus” como una de las tantas agrupaciones dei buena voluntad, empeñada en hacer teatro, sin distinguir al conjunto ningún rasgo sobresaliente. A partir del estreno de “La Alondra” —. acontecimiento que no vacilamos en calificar como el de mayor importancia en la vida teatral chilena de los últimos años— “Ictus” se ha convertido en uno de los puntales del teatro en Chile. Por primera vez, desde hace muchos años, desde los tiempos heroicos de “Fuenteovejuna” o de “El ángel que nos mira” volvimos a vivir, junto a un conjunto nacional una noche de gran teatro, donde, como por arte de magia se desvanecieron las dificultades técnicas para dar lugar al libre juego de la magia creadora que la vivencia teatral, en sus momentos estelares sabe producir. No era ningún “método” que triunfaba allí. Era teatro. Teatro puro. Gran parte de este triunfo se debe, sin duda a la tesonera y esforzada labor desplegada por el “Regisseur”, Mr. Etienne Froid, el cual con “Ictus” reactualizó el milagro que ya una vez antes había hecho con una inolvidable puesta en escena de la “Loca de Chaillot”, realizada con el Teatro de Ensayo de la Universidad Católica. Una gran sorpresa nos deparó la joven Magdalena Aguirre que con su interpretación de Juana se consagró como una de las figuras más destacadas de nuestra escena. Eduardo Naveda, Jorge Díaz, Aníbal Reyna y Ménica Echeverría, por señalar sólo a algunos de los que más se destacaron, cumplieron sus papeles en forma sobresaliente. Agreguemos a ello el vestuario y las decoraciones, diseñados por Olivier Rabaud, Grupo de Danza Para hacer una breve temporada entre nosotros, tuvimos la visita del Ballet de José Limón, grupo de danza expresionista que hoy constituye uno de los conjuntos más destacados de los Estados Unidos dentro de su especialidad. Si se nos pidiera definir en una frase a este grupo, la formularíamos en el sentido de que actúan con un estilo muy original y con absoluto dominio de la técnica. A ello se agrega una iluminación como pocas veces pudimos apreciar en nuestras salas de espectáculos y el acompañamiento en forma superior a la acostumbrada, de la Orquesta Filarmónica. Nos tocó el primer programa, compuesto de “Passacaglia y F u g a”, “Pavana dei Moro”, “Embrujo Nocturno” y, finalmente, “Missa Brevis”. De todas las obras enunciadas, la que mejor nos impresionó fue la segunda, “Pavana del Moro” sobre música de Purcell y basada en el “Otelo”, de Shakespeare. En la interpretación de esta obra, José Limón logra recrear el ambiente tenso y cargado de dramatismo de la leyenda, la que de un juego juguetón va creciendo en fuersencillos, sobrios y ajustados al espríritu que el director supo imprimir a la obra, la buena iluminación y la certera realización de los efectos sonoros, entonces tenemos reunidos todos los elementos que en su conjunto nos depararon un espectáculo que, a lo menos en los últimos dos a tres años no ha sido igualado ni mucho menos superado por conjunto nacional alguno. Lo único que quizás podría objetarse, sería el trabajo de Julio Retamal, quien sobreactuó su papel de Inquisidor. La obra en si es dispareja. Después de tantas “Santa Juana” es difícil encontrar un ángulo nuevo, algo original. Anouilh nos presenta una Juana tierna, casi infantil, una verdadera niña la que, sin quererlo, se ve arrastrada a la vorágine de la política. Tímida y asustadiza se torna soberbia y orgullosa para caer después, cuando se desmorona su mundo, en la desesperación más negra de la que la salva sólo su sentido de diginidad. Estimamos —y es éste, a nuestro parecer, el gran mérito de la obra de Anouilh— que es ésta la primera vez que se nos muestra una Juana humana, despojada de los pesados ropajes ideológicos con la que quisieron vestirla tantos otros autores. Anouilh pretendió algo más. Quiso que Juana, la Alondra, representara la libertad. Quiso, como lo expresa al tratar la historia de la pequeña campesina de Domremy, se rehabilitase al hombre en sus valores más altos: la voluntad, el coraje y la esperanza. Y por último nos muestra por vez primera una Juana que concluye bien, que termina con la coronación de su Delfín, cumbre de su carrera que la hace pasar a la posteridad como libertadora, y no como mártir. Todo ello, evidentemente puede deducirse de la obra. Pero preferimos recordar a Juana, a la Alondra juguetona que con debilidades y fuerzas humanas supo hacerse dueña de un destino que la llevó a la inmortalidad. de José Limón za arrolladora hasta que inexorablemente se consume la tragedia. “Passacaglia”, sobre música de Bach nos parecía interesante, "pero un experimento no muy bien logrado y lo mismo podemos afirmar de “Embrujo Nocturno”. En cuanto a la obra que cerró el programa, “Missa Brevis”, sobre música de Zoltan Kodaly. es imposible opinar después de haberla visto una sola!vez. Nos parecía densa, cargada de simbolismo, muy, quizás exageradamente larga, y, en general un esfuerzo que quizás sobrepasa los límites que por naturaleza se imponen a la danza. Posiblemente esta primera impresión habría variado substancialmente si hubiésemos tenido oportunidad de ver nuevamente la obra aludida. El arte de José Limón es exigente. Demanda un gran esfuerzo mental, una concentración única. Pero aquel que logra realizar este esfuerzo, adentrarse a este mundo místico y tenebroso que nos presenta José Limón, obtiene el goce de un espectáculo de la más alta jerarquía. 774246