Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
- Journal
- Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
- Volume
- XVI (1954)
- Issue
- 9 (Septiembre, 1954)
- Date
- 1954-09-01
- Page
- Seite 17 (sequence 17)
- Language
- German
- Belongs to
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Septiembre, 1954 BOLETIN INFORMATIVO 17 La hija de Max Nordau cuenta (De una entrevista con Teodoro Hatalgui) —Estuve en Eretz Israel muchas veces —dice Maxa Nordau—, pero en el Estado de Israel estoy por primera vez. La diferencia es inmensa, tanto en el ambiente objetivo como en las relaciones subjetivas del visitante que conoce, como conozco yo, este país por las muchas visitas anteriores y que se orienta en sus complejos problemas suígéneris. Una de las cosas más notables, a mi juicio, es la atmósfera de independencia que se respira en el medio ambiente israelí. El sentimiento de libertad de un pueblo que habita su tierra existió siempre en el Ishúv, pero ahora va acompañado de un sentimiento de autonomía política y estatal; y este sentimiento es algo completamente compresible, de la misma manera que se lo comprende en potencia con larga tradición de soberanía. Me impresionó en especial mi visita a la Knéset; me resulta difícil creer que este organismo que muestra tal madurez en todas sus expresiones, es el parlamento más joven del mundo, el parlamento de un estado de pocos años de edad... U.n instante más tarde prosigue: —A mi juicio se ha producido, además, un gran cambio favorable en la conduota de las gentes. Suspendo mis anotaciones y le dirijo una mirada interrogante. La señora Nordau me responde con una graciosa sonrisa juvenil y dice: —Sí, me refiero a las buenas maneras de la gente en el país. Hace apenas unos días fui testigo de un episodio que no he visto igual en ninguna parte del mundo, sea en la Europa occidental o en América. Pué en Tel Aviv. Nuestro taxi se detuvo en una de las esquinas céntricas, donde el estacionamiento está prohibido. De improviso se acercó al coche un agente de tránsito y, en el lenguaje más amable, pidió disculpas al chofer y junto con sus disculpas le presentó la boleta por infracción. El chofer, por su parte, también se apresuró a presentar sus excusas ante el guardián del orden, sacó de la carterá la suma requerida, y dió las gracias por el recibo que se le extendió... Por supuesto que me abstuve de decirle a mi interlocutor que en esta visita suya a Israel le cayó en suerte asistir a un acto de cortesía que la mayoría de los habitantes del país no ha visto aún. No quise debilitar su fe en la amabilidad de los ciudadanos de Israel, sino que preferí cambiar de tema y pregunté: —Usted que conoció tan a fondo los puntos de vista de su padre, ¿podría decir qué habría opinado él sobre la forma cómo se desenvuelve nuestro Estado, si el destino hubiese permitido asistir a su constitución? —No es una pregunta fácil —responde la señora Nordau—. Es difícil ver con los ojos del prójimo, aunque sea con los ojos del propio padre; especialmente tratándose de un hombre como Max Nordau, de osadas opiniones y tanto temperamento. Pero hay algo que me veo obligada a pensar constantementemente durante mi estadía aquí: que ha tomado cuerpo el sueño de mi padre sobre la inmigración de las masas de Israel que fué para él el ideal de su vida y la piedra de toque del sionismo. En ello pensé, antes de venir aquí, al oír hablar de la gran aliá y al ver los preparativos para la aliá en los países del Galut. Y en ello pienso constantemente ahora, al ver los barcos de olim que afluyen incesantemente a los puertos del país y los millares que escalan las costas de Israel en este magno cuadro de repatriación de los desterrados que se llama kibutz galuiot. Cuán feliz se habría sentido mi padre de haberlo podido ver con sus propios ojos, y cuán feliz se habría sentido de haber podido ver la joven generación en cuya idiosincracia se corporizaron los sueños de Max Nordau sobre la juventud hebrea. Y el sano optimismo de los ciudadanos, en oposición al desgraciado pesimismo de los judíos galúticos, es un fenómeno psíquico que mi padre soñó como natural para un pueblo que vive sobre su tierra y construye su estado libre. Queridos niños y niñas Con éste vemos empezar una nueva sección en la página infantil denominada “El Rincón del Pequeño Maestrito”. Queremos ejecutar trabajos manuales de diferentes materiales, como madera, cartulina, papel y género, También tenemos a nuestra disposición mensualmente, un premio valioso, por el mejor trabajo, que nos fue ofrecido por la ATI. Ahora, ¿qué vamos hacer? Como se acercan los días de fiesta y en muchas casas dejan encendida una luz, sería bonito, de hacer una pantalla para la lámpara. Si cuesta para instalarla, podemos pasar sin que tengan que sacrificar muchas vidas. La fuerza de asalto, encabezada por los zapadores, empieza a avanzar sobre Shaar Sión. Treinta metros solamente los separan de la muralla. La fuerza es detenida. Los muchachos se agazapan al lado de la pared de la iglesia y observan de todos lados. Balas a discreción silban del lado de la callejuela. La unidad de zapadores se mueve sigilosamente adelante, con cargas de explosivos sobre sus hombros y sus armas en las manos. Con largos saltos de canguro se desplanzan del otro lado de la callejuela y llegan al pie de la muralla. La ciudadela los mira desde lo alto en ton de desafío. Quizás desea dar la bienvenida a los retoños de quienes otrora la erigieran. Dos hombres se acercan a la Puerta y sin que se desprenda el menor ruido colocan las cargas explosivas. * « A las tres y cinco minutos de la madrugada se deja oír en la metrópoli Jerusalén una terrible explosión. Para nosotros que estábamos tan próximos al lugar nos pareció colocarla por encima de toda la lámpara. ¿Que material necesitaremos? Esta pantalla podemos hacer de madera terciada, de cartulina, de papel o de género. Si no es de madera o cartulina gruesa hay que hacer un armado de alambre para colocar las piezas por medio de cordones o hilos. Y ahora a trabajar. Primeramente preparamos 4 piezas iguales. Abajo de 25 centímetros y el alto tiene que ser de 20 centímetros. Arriba quitamos en cada lado 5 cmts. para que queden 15 cmts. Hacemos una línea recta inclinada desde las orillas abajo a los puntos marcados arriba. La quinta pieza, el techo, es cuadrada, de 15 por 15 ctms. BAT-SHEVA que toda la muralla se venía abajo. Transcurrieron treinta segundos antes que nadie de nosotros osara levantar su cabeza del suelo. De todos lados volaban destrozos de piedra y ramas arrancadas de los árboles cercanos. Abrimos lentamente nuestros ojos y levantamos las cabezas. En lento movimiento nos desplazamos al centro de la callejuela y elevamos la vista ante nosotros. No podemos perder ni un solo momento. Es precise aprovechar la confusión de' enemigo, que era al parecer muy grande, para arremeter y abrirnos caminos. La Puerta de Sión está en pie como siempre, pero esta vez abierta de par en par. La muralla no ha sido dañada y ningún perjuicio ha sido causado a esta reliquia del antiguo reinado de Israel. Y los muchachos de Israel —estos defensores del flamante Estado de Israel— se apresuran hacia la vieja ciudad. Ante las paredes, al lado de los postigos de las tiendas clausuradas, se acercan nuestros soldados. Repentinamente se presentan ante nuestros ojos aquellas descripciones de los mapas, aquellos barrios obscuros sobre la superficie blanca de la vieja ciudad. Allí está el pasaje que conduce al barrio de los armenios, esta es la calle angosta que rodea el jard.n desierto, y allí es el barrio judío. El silencio impera en el ambiente. De vez en cuando se oyen tiros aislados desde la Puerta de Iafo y de más lejos aún. Ninguno de los árabes creyó que los judíos franquierían la muralla. Apenas transcurrieron tres segundos cuando de uno de los bloques de edificios se asomó una semblanza humana que gritó: “Compañeros, por aquí. Somos nosotros!”. Pasó el momento supremo sin que a nadie se le ocurriera estirarse sobre el suelo y besar la tierra del barrio, las piedras de la muralla. Ambas partes estaban intensamente emocionadas. Los sitiados dijeron; “Os esperábamos”. Alguien agregó: “Ya os esperábamos ayer”. Y un tercero dijo: ‘De no haber estado seguros que vosotros vendrías no hubiéramos resistido hasta hoy”. Esta era la forma más estupenda de dar las gracias que presencié en mi vida. Cuando se me aclaró luego que aquellas palabras fueron pronunciadas por el comandante de las fuerzas sitiadas en la Ciudad Vieja —el valor de las mismas creció mucho más. tiempo nos era premioso y ello resultaba claro para todos. No hay que desperdiciar ni un solo minuto. Hay heridos, cuya existencia depende de la celeridad con que sean transportados al lugar donde se los pueda asitir. Hay ancianos y mujeres que pueden perder el equilibrio mental. Hay muchachos que lucharon sin relevo durante cinco meses y medio, y ahora es preciso liberarlos con toda la rapidez necesaria. Sin demora ni dificultades se inició el cambio de los hombres. Desde afuera de la muralla llegaron muchachos con cajones de municiones sobre sus hombros, con víveres y abastecimientos médicos. Dentro de pocos minutos se aprestaban a sacar en camillas fuera del barrio a los gravemente heridos. Por el costado del camino, cerca de las paredes de las casas, transitaban febrilmente muchachos que marchaban en distintos sentidos. Uno observa con asombro la acción tesonera y enérgica de estos muchachos que lograron abrirse camino hasta aquí. Saben con sobrada claridad lo que les espera. No viven de ilusiones. Saben perfectamente que los árabes no se resignaron a perder la Ciudad Vieja y que la Legión Arabe acaba de llegar hace poco tiempo y que representa una importante fuerza moral no ha sido aún afectada por derrotas. Pero saben también la importancia del barrio judío para nosotros. El momento solemne pasó sin que se le diera la importancia que se merece en razón de las tareas vitales, pero con todo ello no dejará de existir para el futuro. Será registrado como uno de los momentos de elevación del alma de la nación hebrea que renace y lucha frente a enemigos que atentan contra su existen. Eran las tres horas y treinta y nueve minutos del d?a miércoles, del diez de lar 5708. En aquel día conquistaron los soldados del nuevo Estado de Israel el derecho sobre la heredad ancestral, sobre la tradición de generaciones, sobre la patria. LA PUERTA DE SION La orden del día no pudo desprenderse de la importancia de este momento histórico. El comandante, de sencillo lenguaje y de habla modesta, no pudo desentenderse de la importancia de la acometida que se dirige hacia “Shaar Sion”. La orden decía: “¡A la compañía que se dirige al asalto! Luego de 1877 años nuevamente arremeten hoy judíos sobre las murallas de la vieja ciudad. Robustezcan vuestras diestras!”. El momento se acerca con celeridad. Los corazones se hinchan, la sangre golpea en las venas con ímpetu y en lontananza las campanas de una iglesia anónima se dejan oír. Son las dos de la madrugada. Frente a nosotros la sombra gloriosa de la muralla. Atrás la tumba del rey David —una gruta rodeada de una hermosa empalizada y un jardín bien cuidado y nuestros pies están sobre el Har Sión. La historia gira y s crepite. Todos los conquistadores de Jerusalén partieron de Har Sión. Esta montaña era también en tiempos del reinado de Israel la llave para el dominio sobre Jerusalén. Nuevamente los judíos libran su guerra y una vez más sus pies pisan esta montaña de Har Sión. Entre conventos, mezquitas y cementerios avanzan soldados judíos. Hace hora y media que en Jerusalén resuena el ruido ensordecedor de explosiones y el eco del tiroteo. Hace hora y media que líos pensamientos de cada soldado en su puesto de vigilancia y lucha, de cada civil que no puede cerrar los ojos en su cama, están dirigidos hacia aquella noche clara que miles de voces henden en jirones. Durante la tatrde actuaron tres unidades desde tres bases diferentes. Es preciso alejar a los árabes de aquella parte de la muralla por la que deberán transitar nuestros muchachos y éstos deberán Encuentro de dos culturas jf W -9 mmmm iillllllll iiüi **S>x?* W$[ IÉI111I 'Mi:?: