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Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel · 1952-03-01 · 3 (Marzo, 1952) · p. Seite 15

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Journal
Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
Volume
XIV (1952)
Issue
3 (Marzo, 1952)
Date
1952-03-01
Page
Seite 15 (sequence 15)
Language
German
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Marzo, 1952 BOLETIN INFORMATIVO r?.' 16 SUPLEMENTO EN CASTELLANO DEL Ji. BOLETIN INFORMATIVO MITTEILUNGS81ATT CULTURAL ISRAELITA ’* 8 * N E JISROEL" Problemas 'del Teatro Israelí Por Gershon Hanoch F_ L teatro debe estudiarse desde el punto de vista de dos . postulados primarios que se aceptan generalmente en m el campo de la crítica: (a) el teatro refleja la vida de la nación en el marco del tiempo; (b) el teatro no es una rama del arte sino un centro de las artes: por medio de trajes, decorados y música, hace de huésped a musas diversas. En música, pintura y poesía, las características de la sociedad y del lugar y el tiempo se manifiestan solamente después de cierto período de cristalización. En el teatro se reflejan con mayor claridad y urgencia los impulsos de la nación, sus normas culturales y tendencias contemporáneas. Esto es así aunque más no sea que porque el auditorio constituye uno de los factores principales. Cualquiera que examine el teatro de Israel desda el establecimiento del Estado, perci birá con facilidad un reflejo de la situación general del país. Se puede ver aquí y allí una tendencia hacia la “independencia” y “una vuelta a las fuentes”, pero al mismo tiempo podemos observar una especie de confusión común en los períodos de grandes acontecimientos históricos de una nación. La falta de independencia espiritual, creadora y cultural en muchas esferas de la vida de la comunidad y especialmente en el campo del arte, ha sido un problema difícil durante muchos años; pero ella se ha hecho más clara en el período de la gran transformación engendrada por el logro de la independencia nacional. Ya no es posible ignorar el hecho de que somos ricos especialmente en la representación y la ejecución, mientras que el núcleo creador original —en música, pintura y teatro— es todavía muy débil. Tenemos una orquesta filarmónica famosa, de elevado nivel en la ejecución de obras de compositores alemanes, rusos, franceses y de otros países; pero la música judía original, cuyas raíces deben hallarse en el esfuerzo creador del pueblo — canciones de cuna, canciones Infantiles, cantos folklóricos, baladas de pastores, danzas folklóricas, etc.— se halla todavía en su infancia. En pintura ocurre algo similar: a pesar de la riqueza de colores y tendencias y de los logros técnicos de los pintores y escultores de Israel, todavía son muy po.cas las obras que reflejan el paisaje del país. Nuestro arte es todavía pobre en temas locales y populares, y aun no hemos sentido la influencia de la tradición, el encanto de la antigüedad y el estilo israelí original de nuestro nuevo arte plástico independiente. La posición en cuanto al teatro es similar. A pesar del alto nivel técnico alcanzado por el Hazima —el primer teatro hebreo— durante sus treinta años de existencia y por las compañías más jóvenes (Ohel, Teatrón Kameri, etc.), todavía es pobre la producción original de obras, el elemento principal en el arte dramático. Esta pobreza es particularmente evidente en nuestros días, cuando las vidas de la juventud y de la nación en general son tan ricas en material dramático. Es cierto que también percibimos la pobreza de los productos dramáticos de otras naciones: versiones traducidas de obras “ligeras”, de la clase que se conocía en Alemania con el nombre de Zeitstueck, que aun cuando hayan tenido éxito en otros países, parecen pálidas y triviales cuando se las presenta en la escena israelí en el momento actual. Entre nosotros el teatro no puede competir con el gran drama de la vida de esta generación. Ahora podemos ver más claramente la razón de nuestra pobreza: es indudable que era posible aprender a ejecutar en Europa, a pintar qn París,.a actuar en Moscú; ello se ha hecho con éxito. Pero la semilla de una creación nacional independiente sola* mm . . . ¿ Jacob y Raquel mente puede sembrarse en la tierra de Israel. Es cierto que esto se ha hecho en parte, pero en forma inadecuada; y esta imperfección —la preparación insuficiente para la independencia en el campo dramático— ha sido especialmente costosa para el más grande de nuestros teatros, el Habima. Como ya se ha dicho, la razón principal de la crisis fué la falta de un repertorio apropiado para un teatro nacional. Pero había además otras dos causas: en primer lugar, la falta de actores jóvenes suficientemente entrenados, y en segundo lugar, lo anticuado de la base colectivista de la compañía; debilidad que sirvió de motivo para la crisis y para la “revuelta” de varios de los mejores actores del Habima. Consideremos algunos de estos asuntos en detalle. El Habima ha presentado casi cierí obras en sus treinta años de existencia, el cincuenta por ciento de las cuales tratan de temas judíos, siendo la gran mayoría traducciones del ídish que presentan aspectos de la vida de tuvieron el desarrollo normal de la Compañía. Muchos de los actores de mayor edad tenían, evidentemente, una impresión equivocada acerca de los talentos naturales de la gente joven de este país, en lo que se refiere al arte, representación y actividad creadora en general. Repetidamente expresaron la creencia, completamente injustificada, de que no existía talento joven disponible. Durante los últimos años, un nuevo grupo de autores jóvenes irrumpió en la literatura hebrea y conquistó po- En las Estepas del Neguev. a Diáspora (por ejemplo, )bras de Shalom Aleijem, J. 3ordin, etc.). Eran pocas y en;u mayoría mal escogidas las bras de escritores hebreos que trataban de la vida en Israel o del pasado distante, ■on criterio consonante con a restauración nacional. Tra iucoiones de clásicos, tales;omo Hamlet y Edipo, eran as obras que obtenían mayor éxito. En los primeros días del labima la situación era comoletamente diferente. Durante su período inicial, en Moscú, logró hallar obras cque reflejaban el Ideal Mesiánico y los orígenes del misticismo judío, dándoles una interpretación artística moderna (El Dybbuk, El Judío Eterno, El Golem) y estas obras se hicieron clásicas en su repertorio y fueron las que más éxito obtuvieron en el extranjero. Sucedió lo mismo en los primeros días del Ohel en Palestina, con Jacob y Raquel, Jeremías, etc. Es decir, que había cierta tendencia hacia un repertorio nacional. Sin embargo, en el curso del tiempo se hizo sentir una creciente demanda en dirección opuesta —y vino de los auditorios de Palestina— por el drama mundial y por las obras de “tema actual” europeas y norteamericanas. Ahora se ve con claridad que esa j demanda fué un capricho pasajero del público o de los críticos. A pesar de esto, aumentó dentro del Habima y entre sus amigos la demanda en favor de un esfuerzo que buscase el drama original y el retorno al sendero de un repertorio nacional, vinculado estrechamente con la época y con la naturaleza dinámica del país. Durante la primera temporada del Habima, después de regresar de su jira reciente por los Estados Unidos, se observaron dos claras señales de cambio a este respecto: en el repertorio se había dado cabida solamente a aquellas obras viejas que tenían un contenido judío; y además se presentaron obras originales y una versión traducida. Fueron éstas En las estepas del Neguev de Mosslnson, La Juventud de MijaJ de Ashman, y El Rey Saúl de M. Zweig. Es característico que En las estepas del Neguev tuviese un éxito sin precedentes tanto en lo que respecta al número de presentaciones como al número de espectadores. Revivió entre el publico la popularidad del Habima y tuvo también un éxito material considerable, de modo que el teatro quedó cari liberado temporalmente. de sus dificultades económicas. La experiencia de los últimos años ha mostrado cuánta razón tenía el público ai solicitar la introducción de talento nuevo, y también ha demostrado cuánto puede hacer este factor para inyectar nueva vida en nuestros teatros veteranos. A es ce respecto, no es poco lo que se ha hecho, especialmente el Habima; pero no se ha hecho en La Muerte de un Vendedor. escala adecuada o con la persistencia y planificación constante requeridas. Es indudable que el cierre de la Escuela Dramática del Habima a \ El Rey S~ú!. siciones, especialmente en el campo de las narraciones cortas y en el drama. En forma similar, gente joven llegó al campo musical, y algunos de ellos conquistaron fama fuera de este país. Ha ocurrido algo parecido en la pintura, el baile y el teatro. Es indudable que existe una gran diferencia entre )as condiciones bajo las cuales vive la generación de Israel y la de sus predecesores en la Diáspora. Entonces la generación más joven no podía hallar ni una profesión ni un futuro en el lugar de su residencia. En el mundo concreto de la vida ordinaria no podía hallar campo para sus habilidades, con excepción de las esferas espiritual y artística. Cualquiera que esté familiarizado con la labor educativa en los diversos campos del arte, sabe cuán profunda es la disposi¬ “La Loca de Chaillot” mediados de su segunda temporada (antes de que el Habima saliese de jira y antes de que la mayor parte de sus estudiantes fuesen llamados a prestar servicios en el ejército) fué uno de las factores que agudizaron la crisis y dación espiritual de nuestra juventud y cuán grande es su habilidad para elevarse a alturas creadoras más elevadas, siempre qye se le proporcione guía sistemática, entrenamiento y práctica. (“Israel y América Latina”)

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