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Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel · 1971-12-01 · 12 (Diciembre, 1971) · p. Seite 6

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Journal
Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
Volume
XXXIII (1971)
Issue
12 (Diciembre, 1971)
Date
1971-12-01
Page
Seite 6 (sequence 6)
Language
German
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6 BOLETIN INFORMATIVO DICIEMBRE EL HUMANISMO JUDIO DE KARL MARX El filósofo judío Julius I. Lówensiein, que vive ahora en Israel, examina, en una critica literaria, la influencia de los factores judíos en los escritos de Karl Marx. Mientras que en la época entre las dos guerras mundiales la doctrina de Marx fue transformada en los países comunistas en una dogmática oscura, y entre los opositores del comunismo fue declarada como la esencia del mal, se ha abierto el paso en esta época actual, dentro y fuera de la escuela marxista, una nueva comprensión para ella. En este proceso se ha puesto atención también a su contenido humanístico. En concordancia con esto, antes los libros tenían la tendencia de difamar o minimizar el elemento judío de Marx, de acuerdo con la propia posición política. Por ejemplo, el libro de Levy-Koref, aparecido en 1925, “Karl Marx y Hegel”, llevaba el aclaratorio subtítulo: “Para refutar la leyenda del marxismo judio”. Ahora los esfuerzos se dirigen nuevamente a apreciar el mensaje profético del judaismo como la fuerza activa de Marx. En este sentido Albert Massiczek escribió su libro "La Persona Humana. El Humanismo Judío de Karl Marx". (Europa Verlag, Wién, Frankfurt, Zürich, 1968). Con él quiere, a la vez, contribuir a un “encuentro del cristianismo y judaismo sobre la base de un reconocimiento mutuo”. De lá “Biografía” de Marx del hostoriador socia lista Franz Mehring y de la “Psicografía” de Marx del sicólogo socialista Arnold Künzli comprendió Massiczek que era “capcioso para los no judíos tratar problemas judíos, y más aún opinar sobre ellos”. Por ello profundizó en la tradición judía de la Biblia y del Talmud hasta Maimónides y el Jasidismo, y en la moderna literatura judía, desde Mendelssohn y desde Hess hasta Rosenzweig, Buber, H. Cohén y Baeck, para poder interpretar a Marx “desde el judaismo”. Con ello logró una mirada panorámica a “la cuatro veces milenaria unidad de religión, ética y sentido de la realidad” del judaismo. El viejo prejuicio de la Iglesia de que el amor al prójimo sólo sería practicado por los cristianos, él lo deja de lado con la indicación de que la familia no judía es una “unidad impregnada de obediencia”, como ya lo demuestra la palabra familia, que proviene del latín “famulus”, que significa siervo, esclavo. Contrariamente a esto, Massiczek encuentra solamente en la familia judía “la capacidad adquirida y heredada del amor”. Percibe también la acción de las cualidades específicas judías en el “inconsciente” entre los judíos, los cuales, en la época de la asimilación del siglo XIX, “perdieron de vista” su filiación judía, y que “no sólo se vuelven más patrióticos que los alemanes mismos, sino que además dominan el idioma de ellos mejor que la flor de la inteligencia no judía alemana”. Su libro prácticamente se concentra en torno a la “demostración de la afirmación de que el judío “asimilado” Karl Marx actuó alimentándose espiritualmente en la parte judía de la Biblia”. Pero así como es de franco el acceso a este libro sobre el “Humanismo judío de Marx”, es decepcionante su “comprobación” específica. Para mostrar que Marx fue movido desde temprano por fuerzas espirituales judías y no por fuerzas europeas, Massiczek cita una composición de liceano en la cual Marx, que a la sazón contaba 17 años de edad, escribía que el hombre se le propone una “meta general”, que consiste en "dignificarse a sí mismo y a la Humanidad". En esta frase el autor no encuentra la influencia de la revelación del contemporáneo Kant, sino la acción prolongada de la anunciación profética. Cuando Kant utiliza palabras semejantes, a él le interesa lo singular, mientras que Marx se “identifica con toda la Humanidad”. Pero esta interpretación no se sostiene frente a un conocimiento más exacto de Kant, puesto que ya el mismo Kant había destacado que los hombres “se desarrollan completamente solo como género, nunca como individuos”. (Idea para una Historia General, desde el punto de vista cosmopolita). Sobre la relación de Marx con Hegel, el autor escribe que “sería una conclusión analógica superficial” calificar a Marx como hegeliano sobre la base de “rasgos emparentados con el vocabulario de Hegel” Más bien la dialéctica de Marx provendría del “aprendizaje” judío específico, que la Biblia continúa siempre desarrollando a base de preguntas y respuestas. Pero este aprendizaje, si bien pudo haberlo preparado para la dialéctica, no aclara, sin embargo, por qué Marx tomó la dialéctica justamente de Hegel y no de Kant. De igual manera niega Massiczek la influencia de Ludwig Feuerbach sobre Marx. La crítica de Feuerbach sobre el intercambio de sujeto y predicado, es decir de la alienación, habría sido “preparada por Marx hacía mucho tiempo en este sentido”. Esta afirmación no se fundamenta de ninguna manera, y es refutada por una declaración expresa de Marx, de que él le debe a Feuerbach la inversión del sujeto y predicado, y con ello la “reversión” del idealismo al materialismo. Es cierto que Marx siguió desarrollando el materialismo de Feuerbach. Pero tampoco aclara Massiczek este punto correctamente, cuando escribe que en Marx “el amor abarca a toda la persona, y que no se puede separar del sentido común”. En realidad, el amor convirtió a Feuerbach en un materialista, como lo dijo él mismo, y Marx separó el amor del materialismo y lo reemplazó por el trabajo económico. Estos son sólo algunos ejemplos con los cuales Massiczek quiere poner en tela de juicio la influencia de la filosofía no judía sobre Marx. Para poder explicar el desarrollo posterior del heredero judío a través de su familia, el autor se apoya en modernas investigaciones, comenza n d o con la Zoología de Portmann, según la cual el hombre, ai contrario de los animales, llega al mundo incompleto, hasta el sicoanálisis, la sociología y la antropolgía cultural, que ha investigado la formación del hombre por las circunstancias que lo rodean ya desde la niñez. De acuerdo con esto, los fundamentos judíos de Marx habrían sido colocados ya en su más tierna niñez por sus padres, cuyos antepasados fueron rabinos durante varias generaciones. Cierto es que su padre se hizo bautizar, pero la “degeneración no judía individual” sería de “importancia secundaria” frente a la “domesticación básica de las funciones bióticas del niño judío en el Ghetto”. Pero, ¿vivió el niño Marx en un ghetto, o, cómo escribe Massiczek en otro lugar, en una “subcultura judía?” El padre ya se había educado en una Universidad alemana, y se había alejado del judaismo, antes de convertirse al cristianismo. Así como es cierto que la influencia de la familia en la edad juvenil es decisiva para toda la vida, y que el padre de Marx provenía de varias generaciones de rabinos, no se podrá demostrar que la familia del joven Marx ejerciese alguna influencia judía sobre él. Massiczek sortea esta dificultad al considerar “el rompimiento de una tradición en el padre Marx sólo en sentido superficial”. “Internamente seguían ejerciendo su influencia, como en todos los judíos que se han pasado al cristianismo o que no tienen religión, los rasgos determinantes del judaismo, en forma inconsciente y natural”. En relación a este punto, se apoya en una crítica de Rosenzweig “sobre lo arcaico y pasado de moda” en los sermones de rabinos modernos para “lograr una visión en los sentimientos que el hijo y hermano de rabinos Heinrich Marx (el padre) debe haber abrigado como judío antes de bautizarse”. Si ya Rosenzweig reveló lo caduco y anticuado de un rabino consciente del judaismo, ¡cuánto más caduco y anticuado era el judaismo de Heinrich Marx! Todo investigador puede equivocarse. Pero las demostraciones de Massiczek descansan sobre un método equivocado. Un historiador o un sicólogo debe distinguir el análisis de las circunstancias del de la teoría, que interpreta a las circunstancias. Sin embargo, Massiczek se deja arrastrar por su admiración por el “semitismo espiritual”, y sobre estima exageradamente el factor judío para hacer aparecer como inoperante al factor no judío. Con esta crítica no se quiere negar que el judaismo se haya manifestado inconscientemente en la doctrina de Marx. Pero, ¿no fue posible esta penetración sólo después que las fuerzas religiosas que dormían en la tradición petrificada fueran despertadas por el contacto con el esclarecimiento occidental y por su re cepción? Rosenzweig, a quien Massiczek aprecia con justicia como un judío creyente, destacó justamente que el judaismo, así como el cristianismo, sólo pueden mantenerse vivos si se “europeizan, y secularizan” nuevamente. Dostoiewsky trató de revelar la asociación del rufeo occidental, una expresión del alma creyente rusa como un motivo inconsciente (Diario de un Escritor), pero con ello no discutió su asimilación al mundo occidental y “la significativa y enfermiza aparición de su erradicación del suelo ruso”. Cuando Massiczek, reaccionando frente al comportamiento de antisemitas y judíos conversos, que tratan que su judaismo se note lo menos posible, desea interpretar a Marx “desde un punto de vista judío”, se cierra a sí mismo la mirada al desarrollo fatal de la europeización del judaismo, conocida como asimilación. Resumiendo, se puede decir que Albert Massiczek ha contribuido sin duda alguna a la comprensión del Humanismo judío en general, pero no en su efecto especial sobre Marx. WAGONS-LITS-COOK Organización Mundial Santiago Agustinas 1058 — Fono 82827 j _! PASTELERIA Y SALON RE TE Múdame de Pompadour Ltda. Atendido por sus propios dueños. j Especialidades Francesas y Extranjeras I Huérfanos 726 — Teléfono 34570 (Frente al Teatro Rex) j Sucursal: Av. Vitacura 3891 - Fono 482741 | La Casa de ia Citroneta JOSE R. MANNHEIM Y CIA. LTDA. 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