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Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel · 1970-07-01 · 7 (Julio, 1970) · p. Seite 5

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Journal
Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
Volume
XXXII (1970)
Issue
7 (Julio, 1970)
Date
1970-07-01
Page
Seite 5 (sequence 5)
Language
German
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JULIO 1970 BOLETIN INFORMATIVO TEODORO HERZL La imagen de Herzl domina en iodos los Congresos Sionistas ideal era que se permitiera entrar a los judíos a Inglaterra, como lo quería Simson; “Nacidos Presidentes”, pero que se bautizaron para poder dirigir las agrupaciones políticas alemanas como Mendelsohn, apóstol de las costumbres europeas, pero que ense- ñaba el desprecio para los vieios valores judaicos. Por primera vez en dos mil años, el pueblo judío produ jo un hombre que era eminente europeo, pero al mismo tiempo un verdadero judío. Un hombre cuyo mayor aliciente fue su dolor racial, con el que creó un espléndido pensar internacional, un hombre que era al mismo tiempo un poeta del pueblo judío y un político mesurado donde era necesario, y franco, donde debía serlo. Listo para todos los sacrificios, aún para el Kidush Hashem (mártir para su Dios), pero lleno de tolerancia y comprensión para los de más... Orgulloso y respetuoso en sus aspiraciones, era, sin embargo, sencillo, simple y fraternal en sus relaciones con los humildes. Ese hombre era Teodoro Herzl, y cuando sólo tenía 44 años lo hemos perdido. Actualmente, el país es pobre y abandonado; las faldas de las colinas están desmontadas; los lugares celebérrimos, en ruinas, y las tierras, yermas. La Tierra Santa es un desierto. Pero hay oasis. Los oasis son nuestras colonias. El sionismo, esa ilusión, esa utopía, ha producido pueblos y planteles visibles, palpables. En sus limpias casas viven allí los erguidos campesinos judíos, que labran con íntima satisfacción la tierra amada... TEODORO HERZL El Despacho de Herzl, reconstruido en Jerusalem Para los judios no hay otro remedio ni salvación que el regreso a la propia nación y el asentamiento en la propia tierra. Escribí estas palabras en 1895, cuando, hondamente conmovido por el primer proceso contra Dreyfus, concebí la idea de mi libro "El Estado Judío". Yo era todavía extraño a mi pueblo, cuando llegué a estas conclusiones. Sabía poco de la situación de nuestros pobres, y na da de los movimientos recientes dentro del ju daísmo. Sólo la publicación de mi librito hizo que yo entrara en contacto con aquellos círculos, sabiendo, luego, que había quienes, poco o mucho antes que yo, habían escrito cosas similares. ¡Quién sabe si yo me habría atrevido a publicar mi libro si hubiera conocido los trabajos importantes del alemán Hess y del ruso Pinsker! Cuando yo me aventuré lo hice por creerme persona solitaria, aislada, que iba a lanzar un grito antiguo y completamente olvidado. Pero, el sionismo existía ya antes. Existía en la idea, en la palabra hablada y escrita, y en la acción. ¿Qué es el sionismo? El movimiento que tiende a construir en Palestina un hogar, reconocido por el derecho público para el pueblo judío... TEODORO HERZL. En el 25? Aniversario de la Muerie de Anne Frank “YO CREO EN 10 BUENO QUE 11 JÏ EN EL Por Curt Wilk MAX NORDAU, su colaborador intimo en la temprana lucha sionista, caracterizó en su necrología con inigualable precisión la {personalidad de Teodoro Herzl, cuyo aniversario de muerte conmemoramos el día 20 de Tamus (24 ds Julio de este año). Era único, no sólo por sus cualidades, sino por la maravillosa conjunción do todas ellas en una sola persona. Era un escritor de gran talento, y si se hubiese podido dedicar, por entero a su arte, segura mente habría podido ocupar un lugar excepcional en la literatura alemana, alcanzando hasta el primer rango, aun cuando no sé si sería el primer escritor de su generación. Era un orador maravilloso: calmado, conocedor del idioma, sencillo, siempre mesurado y con gusto, de forma elegante y adecuada, no perdiendo nunca la claridad y el dominio de sí mismo. Absoluto señor de su persona, era siempre el dueño de las atónitas muchedumbres y dominaba las más acaloradas discusiones. Sin embargo, no se confiaba, y rehuía los discursos improvisados, prefiriendo prepararlos por escrito y luego leerlos, lo que seguramente restaba fuerza a la impresión producida y sólo a veces se escapaba de sus bien pensadas y medidas palabras, ese gran espíritu que emocionaba aún al extraño y al indiferente. Poseía una gran imaginación creadora, capaz de en contrar solución a cualquier problema y deleitar formando maravillosas fantasías. Poseía un profundo sentido práctico, como lo demostró creando la Organización del movimiento sionista, convocando al primer Congreso y fundando el Fondo Nacional Judío. Menos poeta que Enrique Heine, menos orador que Disraeli, menos imaginativo que Christian Eliath, menos organizador y administrador que el Barón Hirsch, era, sin embargo, más grande que cada uno de ellos, porque poseía todas esas cualidades en conjunto y poseía aún algo más. Su espíritu se había enriquecido con las modernas ideas y pensamientos de la Europa Occidental, y su corazón latía al unísono de los corazones judíos de la tradicional Europa Oriental. A la poderosa concepción poética, unía el método cuidadoso y meditado de un frío político que todo lo mide y todo lo piensa. Era poseedor también de todas esas cualidades exteriores, que tan importante rol juegan en las relaciones de los hombres; era bello, grande y bien hecho, con una hermosa frente de pensador y ojos negros de soñador unidos a una sonrisa encantadora y una voz cálida y potente. Criado y educado en el lujo, su natural orgullo no conocía las huellas de las miserias. Sus ojos tenían la costumbre de mirar recta y francamente a los ojos de aquellos con quienes hablaba, fuese rey o Papa, su independencia económica hacía recta su espalda, y ésta no sabía de las genuflexiones serviles. El pueblo judío tuvo muchos talentos, pero eran egoístas e incompletos. Tuvimos hombres como Heine, pero cantaban al amor, al Vater Rhin: o bien líricos enamorados del pueblo judío, como Disraeli, pero que crearon el imperio británico o todo su En los últimos días de marzo del año 1945 —no se conoce la fecha exacta— murió Anna Frank, que aún no cumplía los 16 años de edad, antes de haber comenzado a vivir. Su nombre y su destino, la conmovedora sencillez de su famoso diario, que ha sido traducido a tantos idiomas, llegarían a ser —cosa que nadie pudo imaginarse antes— el símbolo de la esperanza en la paz y humanidad para una gran parte de la nueva juventud, aquella juventud que no conoció el horror de los años 1933 a 1945 en carne propia. El 25? aniversario de su muerte nos llama a recordar una vez más a Anne Frank, acontecimiento que a su vez esta unido inseparablemente a las últimas semanas de la 2a guerra mundial, a la época entre marzo y mayo de 1945, cuando se derrumbó en forma ignominiosa y despreciable el gran Tercer Reich alemán construido sobre crímenes sin igual en ia historia. En este lugar no es necesario repetir el transcurso de la breve vida de esta niña, que se convirtió en la heroína de una obra de teatro y de cine. El diario ha entrado a la historia como una señal de advertencia para las generaciones venideras, y sólo para aquellos que quizás no recuerdan ya los detalles, resumimos que la familia Frank (Anne había nacido el 12 de junio de 1929 en Frankfurt a.M.) emigró a Holanda en 1933 y que después, cuando comenzaron las deportaciones vivió, o mejor dichc, vegetó dos años en un altillo de una casa de Amsterdam, en perpetuo temor, hasta que la Gestapo descubrió el escon dite y deportó a los infelices a Bergen — Belsen; de las nueve personas apresadas, sólo sobrevivió el padre, Otto Frank, quien recibió el diario, en el cual los nazis no repararon, de manos de una empleada de la casa, después de la guerra. Anne Frank murió miserablemente en el campo de con centración, poco antes de que el Ejército de Liberación británico ocupara el campo. Pero su espíritu —“Yo creo en lo bueno que hay en el hombre”— sigue viviendo en el “Bosque Anne Frank” en Israel, en el “Hogar Anne Frank” en Berlín, en el Museo Anne Frank de Amsterdam. Y del mismo modo como se denominó Fritjof Nansen y Albert Schweitzer a poblacio nes de refugiados, hace algunos años se estableció una aldea en Alemania en las cercanías de Wuppertal, que lleva el nombre de Anne Frank. El noble padre dominico Dominique George Pire, Premio Nobel de la Paz, donó personalmente una parte de la su ma que le correspondió para la construcción de esa aldea; se agregaron muchas donaciones de todas partes del mundo, de judíos y no judíos, y en la colocación de la primera piedra, según las noticias de aquella época, habrían participado alrededor de 4.000 personas. NO BASTA EL SILENCIO Ya han transcurrido cerca de doce años desde que el conocido amigo de Israel y del judaismo, Erich Lueht, hizo un llamado a una peregrinación de jóvenes al lugar de la muerte de Anne Frank, y cerca de 2.000 jóvenes siguieron su llamado. Un religioso cristiano expresó en esta ocasión palabras que merecen ser citadas: “A nosotros, la juventud, se referían los responsables de aquella época; lo cual nos obliga a decir una palabra sobre esto. Queremos ser los primeros en estar atentos. Justamente porque estos asesinatos fueron cometidos en nuestro nombre, no puede bastar el silencio a la vista de estas tumbas. Nos resistimos a que el pasado sea ocultado en algu ñas escuelas y en no pocos hogares”. Todos nosotros, los que hemos admirado el drama escrito por F. & A. Hackett y Meyer Levin o el film tan magistralmente realizado por el régisseur George Stevens, o los que recuerdan a Joseph Schildkraut. el inolvidable “Otto Frank”, también nosotros debemos conservar la voz de Anne Frank, una de las millones de voces que han enmudecido, una voz débil, pero que hizo callar los gritos de sus asesinos y que en este cuarto de siglo transcurrido siempre trató una y otra vez de imponerse contra las “Voces de la época”. Una persona que asistió a la representación de la obra 'de teatro en Amsterdam escribió después de esta vivencia: “Hubo dos momentos que casi me ahogaron en la representación: la fiesta de Jánuca y el momento en nue Peter y Anne conversan sobre las estrellas amarillas en sus ropas. Lo primero me hizo recordar mi niñez, lo segundo el fin de toda inocen EL HORROR DE BERGEN — BELSEN En estos días del 25? aniversario de Anne Frank, hay que recordar especialmente el infierno de Bergen - Belsen. Los sobrevivientes informan que (Pasa a la Pág. 6)

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