Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
- Journal
- Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
- Volume
- XXXII (1970)
- Issue
- 1 (Enero, 1970)
- Date
- 1970-01-01
- Page
- [Seite] (sequence 1)
- Language
- German
- Belongs to
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IN FORMATIVO DE LA SOCIEDAD CULTURAL ISRAELITA B'NE JISROEL — Av. Portugal 810 — Casilla 2487 — Santiago de Chile AND XXXII Na. 1 SANTIAGO DE CHILE v « ■ ■ ■ _ rom PAGADO TARIFA REDUCIDA lntcrfpcién 2E3 PUBLICA¬ CIONES PERIO¬ DICAS ENERO 1970 Nasser Frustra Esfuerzos de Paz Por nuestro Corresponsal en Israel, J. E. Palmon Son ya tres las veces que el Presidente egipcio Nasser ha frustrado los esfuerzos de paz en el Medio Oriente y ha dado la siguiente respuesta a todas las tentativas diplomáticas: “Sólo la violencia y una nueva guerra pueden contribuir a imponer las exigencias de los árabes”. En el verano de 1968, el Ministro egipcio del Exterior, Riad, que se encontraba en una gira de “buena voluntad” por las capitales de Europa Norte y Occidental, dejó traslucir en una conferencia de prensa que su país estaría dispuesto a negociar con Israel. Mientras en algunas capitales de Occidente las esperanzas de posibilidades de paz aumentaban, Nasser pronunció el 23 de julio de 1968 un discurso que quedó inscrito en la penosa historia del Medio Oriente, en el cual se confesó partidario de la guerra y la violencia. En el año 1969, después de la subida del Gobierno de Nixon, comenzaron negociaciones intensivas entre el Vicesecretario de Estado norteamericano, Siseo, y el Embajador soviético, Dobrynin, sobre un compromiso en el Medio Oriente. Esta acción parecía tener posibilidades, ya que Dobrynin era asequible y comprensivo. Sólo a una cosa no estaba dispuesto: a expresar por escrito su buena voluntad. Cuando los norteamericanos insistieron en ello, hizo un viaje a Moscú a deliberar con su Gobierno. Este no quiso y no pudo decidir solo y envió al Ministro del Exterior, Gromyko, a El Cairo a pedir la aprobación de Egipto al compromiso propuesto. La respuesta de Nasser fue un lacónico no, y los soviéticos rechazaron las proposiciones de los norteamericanos. En todo caso, dejaron el camino abierto para otras conversaciones con Washington. NUEVAS PROPOSICIONES DE LOS EE. UU. Después de las elecciones en Israel se pudo notar una nueva actividad en la política exterior de los EE. UU. El Vicesecretario de Estado, Siseo, y el Embajador soviético, Dobrynin, se reunieron nuevamente y, según fuentes norteamericanas, los estadounidenses propusieron a los soviéticos un nuevo programa de compromiso, que debía ser más cercano a los deseos soviéticos, aunque fuera sólo para llegar a algún resultado. El nuevo plan norteamericano no hablaba ya de concertar paz, como lo había pedido Israel y además el Gobierno de los EE. UU. recomendaba la vuelta a los límites del cese del fuego de 1949, por lo menos en relación a Egipto. Con esto, Israel tendría que desocupar todos los terrenos ocupados. La zona de Gaza, que no era territorio egipcio, y la cuestión del paso por la discutida vía de Tiran, sería objeto de nuevas negociaciones. Finalmente, fuerzas internacionales de policía debían velar por la tranquilidad en las nuevas líneas. Como los planes anteriores, esta proposición sólo hablaba del arreglo de las relaciones entre Egipto e Israel, ya que los EE. UU. ven a El Cairo como decisivo. El Embajador soviético Dobrynin pareció mostrar interés por las recomendaciones norteamericanas, y ya corrían rumores optimistas de que los soviéticos encontrarían esta vez el camino para una toma de posición común con los EE. UU. Aún antes de existir una respuesta soviética a Washington, el Presidente egipcio Nasser se levantó de su lecho de enfermo, donde había permanecido casi dos meses. El 6 de noviembre pronunció un discurso ante la Asamblea Nacional egipcia, en el que calificó de fracasados todos los esfuerzos por lograr una “solución política” en el Medio Oriente y declaró que para los árabes sólo entra en consideración la guerra y la violencia. Nasser no quiso aquietar a su pueblo y aseguró a los diputados de la Asamblea que debían prepararse a “muchos sacrificios, a sangre y lágrimas y horizontes de fuego”. Con este discurso, Nasser enterró por tercera vez todas las esperanzas de paz en el Medio Oriente. No debían existir malentendidos sobre el carácter de sus expresiones, nadie debiera creer que se había tratado de una explosión temperamental repentina de Nasser —por eso la Asamblea Nacional egipcia decidió declarar el discurso “documento estatal de alta importancia que entrará a la historia del Estado del Nilo”. Un día después que Nasser, el Ministro Exterior egipcio rechazó los nuevos ofrecimientos norteamericanos y declaró que estaban destinados sólo a traer confusión y división al bando árabe. Tanto Nasser como también Riad habían atacado violentamente a los EE. UU., lo que enojó personalmente al Presidente Nixon. Por eso hizo que el Ministro del Exterior Rogers publicara una áspera declaración en que se culpaba a Nasser de sabotaje de todos los esfuerzos de paz. ¿Qué había llevado a Nasser a pronunciar su guerrero discurso? Ante él estaban —facilitados por los soviéticos— los planes norteamericanos. El debía contar con que Moscú haría presión sobre él de una u otra forma o que lo llamaría a la moderación. El quiso adelantarse a esto y pronunció su fuerte discurso rápidamente, para cerrar todas las puertas. Nasser no teme mucho la presión soviética, ya que sabe de ocasiones anteriores en que los soviéticos, incluso ante todas las disposiciones complacientes con él Occidente, no harán nada que perjudique su posición ante el mundo árabe. LOS GRITOS DE GUERRA AUMENTAN EL PRESTIGIO Nasser sabía, además, que el fuerte discurso de guerra aumentaría su popularidad en el mundo árabe, que había descendido mucho anteriormente. Después de los reveses en el Canal de Suez, el prestigio de Egipto se vio muy afectado. Pero, entretanto, tuvo lugar el conflicto entre el Gobierno Libanés y las organizaciones clandestinas en ese Estado. Cuando ambos bandos, que estaban en armas uno frente al otro, no sabían qué hacer, pidieron la mediación de El Cairo por consejo soviético. El General libanés Bustani se dirigió a El Cairo, donde fue recibido y convenientemente amonestado por Nasser, Después, el dirigente clandestino Yassir Arafat vino a Egipto, donde se realizaron conversaciones de entendimiento con el General Bustani, bajo la influencia del Gobierno de Nasser. Estas terminaron con un arreglo provisorio que, aunque dejaba muchas cosas en el aire, puso fin de todos modos a las luchas en El Líbano y aumentó enormemente el prestigio de Egipto. La mediación en El Líbano, país que estaba amargamente decepcionado, porque Francia no hacía nada por Beirut (que antes se había interesado tanto por este país) le dio a Nasser de pronto una posición , totalmente distinta en el mundo árabe. El discurso de guerra de Nasser, recibido con ruidoso entusiasmo, contribuyó con lo suyo a aumentar nuevamente su popularidad en su propio país y a superar los indicios de debilidad de los meses anteriores. La próxima meta de Nasser era la preparación de una nueva conferencia árabe en la cumbre, en la cual quería afianzar nuevamente su situación de poder en todo el mundo árabe. La sesión del Consejo de Defensa de la Liga Arabe estuvo bajo el signo de esta exigencia, y en ella participaron Ministros del Exterior y de Defensa y Militares destacados de los diversos estados. SOLO SE HABLA DE GUERRA En esta sesión no se habló para nada de conversaciones de paz. Aquí se hizo claro que el ala radical del mundo árabe había ganado mucho terreno a través de las revoluciones de Sudán y Libia. A este grupo radical pertenecen también Siria, Irak y Argelia, y Nasser se ha agregado a él de todo corazón. El portavoz de Sudán habló violentamente contra Israel y el del nuevo régimen de Libia exigió la disposición de todas las tropas árabes bajo un Comando Superior Central. Egipto pidió que se convocara a una conferencia cumbre árabe —y todos los países árabes, con excepción de Túnez y Arabia Saudita, asintieron a este pedido. En El Cairo sólo se hablaba de guerra y varios portavoces calificaron a los EE. UU. como el “Enemigo N? 1” del mundo árabe. Para Israel, los últimos sucesos entre los árabes no constituyen ninguna sorpresa. Tanto Golda Meír (en su visita a Washington) como también el Ministro del Exterior Eban habían calificado de inútiles las conversaciones de las cuatro grandes potencias y también las deliberaciones de las dos potencias mundiales, porque Egipto y su Presidente Nasser no están realmente interesados en un entendimiento. Ellos llamaron la atención sobre el hecho de que Nasser está bajo el influjo de los extremistas. En el Estado del Nilo, hoy aparece como el hombre N*? 2 el nuevo Vicepresidente, Anwar Sadat, que trata de sobrepasar en radicalismo a Nasser. Además, Nasser teme el influjo de las organizaciones clandestinas árabes, que han crecido enormemente, con su jefe Yassir Arafat a la cabeza. Arafat se ha convertido en un hombre poderoso, a quien Nasser no puede ignorar. Israel no ha hecho nada para agravar más aún la enreda da situación del mundo árabe, y se abstuvo, a pedido de los EE. UU., de cualquier intromisión en los asuntos de El Líbano, a pesar de que el fortalecimiento de las posiciones de las organizaciones clandestinas tiene que traer nuevas dificultades a Israel. Pero Israel no dejó duda alguna de que reaccionará violentamente si se llegara a abrir en gran estilo un nuevo frente en la frontera Líbano-Israei. Algunos círculos norteamericanos declararon que estas semanas son decisivas para el destino de los esfuerzos de paz y que temían sufrir decepciones. Israel no puede ser decepcionado, pues ya conoce a Nasser. Conoce su lenguaje y responderá como es necesario a este político.